lunes, 7 de septiembre de 2009

Memorias de un tejo

,


Germinó mi semilla en el altozano, es mi padre el viento y mi madre la tierra, sentí enraizarme, alumbrar y emerger a cielo abierto.

Fui frágil yema, me han brotado ramas tristes, en la soledad inmóvil, sólo los pájaros me han acompañado.
Mi sexo definido, veneno brotando, símbolo soy de muerte, de vida reverdecida de mi follaje que no fenece, eterno soy milenios así lo cuentan.

Auledo, el druida porta la túnica de la verdad, la túnica azul, iniciado en los versos druídicos que prohibido está que por mano humana puedan ser escritos; me descubrió y arrancó un palillo de mi tronco para un bastón mágico con el que predecir el futuro, a partir de ese instante sintió la iluminación y guardó celibato sagrado.
Criaturas féericas y telúricas pueblan los delirios de Auledo y mis raíces desde entonces llegan hasta la boca de los cadáveres siendo mi boca la de la muerte.
Deva diosa de las aguas -implora el druida- recostado sobre mi tronco, llévame sobre tus ondas, mi premonición se ha consumado, el sacramentum pacto sagrado ha sido violado por los romanos, mi pueblo reducido a extrema necesidad y porfía desea inmolarse, librarse quieren de la cautividad más dura que expirar.
Tú árbol de los antepasados, dame tus frutos este crepúsculo, es el festín, el fuego, la espada impregnada de ti culminará y nos diezmará a nosotros los que no somos sojuzgados.

Las tinieblas cerraron el día.

Al alba vislumbré una figura que aproximándose, me mira con un parpadeo lento, consigo lleva un rollo, una crónica de guerrillas: Bellum Cantabricum et Asturicum, los auspicios de la batalla se han decantado a favor del emperador Augusto.
Yo Lucio Anneo Floro dejo constancia para la historia del suicidio inmolador del pueblo celta y que con la harina de tu savia se erija a tu lado un ara sacra.

Convivieron mi culto y el culto de dioses apóstatas en centurias et siclos.
Asolaron mi tierra vándalos, suevos, visigodos, godos y musulmanes.
Y con ellos una nueva herejía y a mi vera alzaron la iglesia y de mi vera aún mi liturgia no olvidada respetaron mi culto, mi altura.
Un nuevo nombre me otorgaron desde entonces: Teixu l´iglesia, el tejo de la iglesia.

Acudió de nuevo el amanecer, custodio la espera de la noche más breve en el solsticio del estío.
Los pasos del mozu Xuan resuenan desde el camino. 
Al hombro el hacha con que herir mi ramaje.
Malherido de amor, hasta el dolor más recóndito, encelado enamorado, carga ya mis melancólicos y bucólicos verdores hechos por la estación de las lluvias.
Hechizado por la muchacha del pelo de ala de cuervo, va diciendo:
Ornar la puerta y la ventana de la hermosa quiero y frutos rojos ojalá me arrojara.


Presagio de la suerte ahora soy, tirar los tejos me convierto.

En el día de todos los santos mi aura de difuntos retorna al país de las sombras.
En dos milenios ya vivo desde el nacimiento de otro culto, profeta y mesías, rabí y carpintero.
Rex judaeorum, crucifixión y yo pervivo.

Ocaso asfaltado, los dos amigos vuelven de la infancia, sus risas rememoro en el sonido del tiempo.

¿Recuerdas?.- dice el más alto -.
Sí... cómo no hacerlo, solíamos jugar en este paraje, intentando escalar el viejo tejo
ni entre ocho chiquillos abrazándolo conseguíamos abarcarlo.
Algunos de aquellos chavales no he vuelto verlos.

Ha marcado mi vida este tétrico testigo, aquí nació mi vocación por la botánica. 
Dijo el otro y volvió a hablar después de una pausa, mirando su densa copa. 
¿Sabes? de este viejo tronco, extraen taxol, taxina, baccatina, un potente anti cancerígeno.

Pero qué me dices de su leyenda venenosa y mortífera.

Es cierta, sé especuló que el tósigo estaba albergado en sus frutos rojos pero es su follaje 
lo que contiene el alcaloide.
Los han diezmado a causa de ésto, hasta que han conseguido sintetizar en el laboratorio esa sustancia, no lo desprecies podría salvarte la vida.

¡Despreciar! muy al contrario, nunca he sentido una sensación tan sagrada, tan espiritual como 
en presencia de este anciano ominoso y venerable, el viejo tejo, el teixu de la memoria.

Colofón
Sacrum aciago, soledad de milenios, en soledad he mirado el mundo, la soledad de un dios, 
la soledad de un tejo.