viernes, 26 de diciembre de 2014

De cada dos capítulos



Según el evangelio de los mamíferos
tu eres mujer
De cada dos un capítulo tú en la cadencia
aunque siempre tengas en el karma taciturno a un gato
Entre el arco de dos fechas
cubierto de la solana del verano
Donde el trino dos pájaros se mece
escalada su maleza por el reptil
Con la lengua partida
una suave la otra peligrosa
Haciéndole burlas
intrusa
A la inercia

jueves, 18 de diciembre de 2014

Pacto demoníaco


La tierra toda tuya
con un salto en esta rima
y el cielo todo tuyo
para venderle
al hijo osado de la aurora
tu diablura

domingo, 14 de diciembre de 2014

La acción amortizable


En  democracia a los embaucadores 
los votan la mayoría de los embaucados
la minoría acepta el resultado democráticamente.
La democracia es la forma de gobierno 
que elimina las dictaduras, es cierto, 
menos una:
“la acción amortizable con altos tipos de interés
desviada a los bolsillos demócratas
en los paraísos con tamarindos fiscales
donde todos hablan el mismo idioma”
Debaten los portavoces el estado de la nación democrática
donde queman la bandera de salvamento
la cerilla la ponen las corporaciones
las cenizas son daños colaterales
por no llamarles gente,
que corren en los callejones sin salida
como las ratas blancas de laboratorio
mientras los polos geopoéticos se deshielan.
Pero no debe preocuparnos
el futuro de los líderes democráticos
cuando el pueblo soberano reemplace su demócrata gestión
siempre les quedará una pensión vitalicia
un puesto de consejeros en la banca o las eléctricas
con su nuevo título de conde, marqués o duque
o honorable señor
y el premio de la paz o la economía
por los servicios prestados.

Entre N con D


Ausente la lluvia esta noche donde se roza 
la espalda de noviembre con el hombro de diciembre
desordenando letras ordenando colores 
con los ojos cerrados y las manos abiertas.
Sale una mujer de una ciudad amurallada del oeste
Entra un hombre por la ladera de una ciudad del norte
jamás se encontrarán al poniente o el levante del sol
forasteros de consignas
en este hostil edén
en que las piedras caminan solas
y nada las mueve.

Siendo voz


Tú que llevas su anticipo de remonte
Detén esa voz perdida compañera de lo extraño
Boquea sí boquea alguna vez hizo del silencio enseña 
Qué se hará de su luz y su tiniebla
De su clima de altos palmerales y bajas espinas de la mora
Dónde ponerla si parece que no hay un quicio duro o lánguido que la asile
Te obstinaste en no acallarla sea acero sea seda
Siendo martirio siendo gloria
Siendo nada
Por más que la condujeran a la retaguardia de lo absurdo
Respira y no es tuya que fue domada sólo por el aire
Pero fue tuya en un mundo que no entiendes y no es tuyo
Susurró, gritó, suspiró, jadeó, rota, entera,
Aullando a la platería de la luna muy temprano o tan tarde
Cuando expire y se extinga y nadie la recuerde
Donde no haya dónde hallarla
Quizá será devuelta al préstamo
Valiente su latido
Muy dentro del comienzo
De la canción de las palomas

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Efecto


Caen las fortalezas
las miserables 
las soberbias
abatidas por
el ariete en aleteo
de una mariposa.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Brindis


¡Eh Fernanda! grito Luisa desde la plaza.
¡Hola Luisa!
Vamos al café nuevo de enfrente, el Séptimo cielo, te invito a un vermú. 
Les sirvieron dos vermut de solera.
¿Qué tal todo? preguntó Luisa.
Paso de contarte y hablarte del presente, o del pasado, prefiero hablar del futuro.
El futuro aún no existe, dijo Luisa
Ya Luisa, por eso quiero hablar de el, me ha inspirado este azul, todos esos puttis y esas columnas salomónicas plateadas.
Fer, no me digas que has contratado un plan de pensiones.
La cigarras no contratan planes de pensiones y yo tampoco.
Bridemos Luisa. 
Chocaron los vasos de cristal azulado.
Sweet Jane. Dijeron al unísono.
Encuentro paralelismo entre los siete cielos dantescos así como las diez Troyas, uno debajo de otras y tendremos que escalar o excavar.
Ja ja Fer, ahora comprendo tu interés por el futuro, hay tres o nueve cielos o diez según leas unos textos u otros.
Creo recordar que el día que explicaron la cantidad de los cielos falté a clase de catequismo, y fui a hacer oposiciones de sentido común.
Nueve o diez… 
Sí en ese noveno cielo sólo estarían Jesús, la Virgen, los apóstoles, los santas y santos y en el décimo Dios.
Ajá, resultará imposible librarse de las jerarquías incluso allí.
Sobre el infierno o los infiernos ya los tenemos por aquí.
Así que a ver dónde me meten, porque a los cielos me abstengo de ir, soy objetora de consciencia.
En el limbo Fer, y no preguntes cuántos hay porque no lo sé.
Allí tampoco quiero ir, toda la vida portándome bien, no robes, no mates, honra a tu padre y a tu madre, pon la otra mejilla, paga los impuestos, tira los papeles a la papelera, no desees cambiar lo injusto…
Eso no lo he podido cumplir, desear como que deseo, Luisa.
Una vez robé un cenicero en el Corte Irlandés, media hora esperando que me lo cobraran y nadie apareció, me lo metí en el bolsillo y me fui.
Fue un robo por cansancio y abstención laboral.
No le des más vueltas Fer, nos esperan en un universo paralelo.
Con los catedráticos del latrocinio que tienes en el gobierno actuales y pasados y te estrenas con un cenicero… Ja!
¿Cuál es ese universo?
El olvido.
Ah no, al Lete me niego en redondo a ir, remar me aburre y tenemos el mismo problema, la masificación como en el cielo y en los infiernos.
Imagínate encontrarte allí con mi vecina del cuarto o Franco o Hitler o Stalin y unos, unas, cuantos más, toda la eternidad del olvido soportándolos.
No y no, eres cruel, Luisa.
El limbo y el olvido son otros nombres para la nada.
Fer, tú quieres eternidad a la carta.
Y tú, ¿no?.
Sí.
Luisa, lo que deseo es el viaje final a un paisaje de reencuentro, donde esté todo lo que he querido, porque quiera estar conmigo, aunque eso sólo dure un segundo.
Es un sueño, lo sé.
Fer, el sueño imagina a quien es capaz de soñarlo.
Quizá se cumplirán las leyes poéticas de lo relativo y se materialice con su belleza, su verdad y su misterio.
Comprender los misterios en absoluto les resta su capacidad de milagro.
Quizá lo que menos importe es quién o qué los ha creado y el milagro de tu sueño será más importante que su autora.
Lo que imagino existe y es un siempre particular que exilie las miserias, la violencia, la crueldad y el asco.
Si vivimos inmersos en las leyendas y los mitos, el vacío, en las constantes del absurdo, del absoluto hagamos uno a medida, qué tenemos que perder.
Ya estamos aquí perdidos, esclavizados y prostituidos.
Así es.
Qué es lo imposible, una fantasía, una mentira aspirando a la verdad y porqué no habría de ser real, si ya lo son en alguna parte de mi espíritu, llámalo corazón, cerebro o química.
Brindemos otra vez, Luisa.
Por el séptimo sueño. Dijeron a la vez.

Sanguina


Hoy no ha contado el tiempo
que de improviso te marchaste.
Ayer no se acordó de ti.
Y lo racional que es tiempo insistiendo
que todo lo curará el mañana.
La pena en su guarida
haciendo sentir que seguías con vida,
ha abierto su cerrojo para siempre.
Prometió dejarte ir,
si insistió en tu existencia de fantasma
entre una vida y (¿La otra?)
entre un limbo y otro,
pidió perdón.
¿Sabes que te perdonó?
Pero:
la esperanza inmensa 
es de los perros
que se echan en las tumbas
a esperar que vuelvan
aquellos que han querido.

sábado, 6 de diciembre de 2014

A escondidas


Vestida con el uniforme del colegio
te enseñaron
que dos y dos son cuatro
un número irracional, pi
que nada desaparece sólo se transforma.
Te pones colorete y carmín a escondidas
fumando en los rincones del recreo
al irte a la casa, cuando sola vas
lames la piruleta de fresa con la misma goce de niña.

Tu madre no te entiende
tu padre tampoco
tú tampoco te entiendes
aún menos el mundo azul.
Sólo le dices un hola
desde la puerta a la tristeza.

Esa mañana de octubre que amaneces
los pechos te han crecido un poco más
apuntan sobre tu blusa blanquísima y almidonada.
Sientes ganas de que desaparezcan.

Le has visto algunas veces
con el pelo del color de la ceniza.
Por mirarle un fuego
te corre furibundo por la cara
h u y e s
Ahora que de nuevo aparece
dándole la vuelta a la esquina
con una cicatriz mortificándole la ceja
y dos diminutas luciérnagas colgando de los ojos.
Se acerca, para robarte los labios a oleadas.
Se los das con la misma desesperación que la suya.
Dos alientos entregándose al otoño.
Otro le arrancará el recuerdo
por aquellos adolescentes
a los que nadie más podrá ver
ni despertar
con la ardorosa tibieza de un beso
en el umbrío sueño de los bosques.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Soliloquio Hipotecado



Por fin me han dado las llaves, hoy cumplo veinte años.
Me siento feliz!!!
Recuerdo la frase de mi madre:
No madurarás hasta que pagues una hipoteca.
Con las pagas extraordinarias podré amueblar el apartamento.
Se llevará más de la mitad de mi sueldo mantenerlo, además de los plazos de la hipoteca.
Tendré que economizar, para cenar, latas de sardinas.
Jeje, me saldrán escamas pero dará igual.
Iré andando al trabajo, nada de gastos en transportes, madrugaré más.
y tampoco saldré de fiesta, sólo un viernes al mes.
Los sábados para dormir y los domingos para limpiar.
Las vacaciones me las pasaré en el apartamento, me olvidaba del seguro de riesgos, la contribución, los gastos del notario.
Voy a celebrarlo con los colegas, el último derroche.
Tengo suerte por haber encontrado el trabajo, a pesar de todas las horas que no me pagan.
Me aterroriza perderlo.
Si nada cambia, cuando finalicen los plazos de la hipoteca,
habrán pasado veinticinco años.
Ahora comprendo el sentido de la frase de mi madre…
Voy a comprar un felpudo, que en vez de Bienvenidos, ponga:
Aquí yace.

sábado, 29 de noviembre de 2014

El museo


Dando la bienvenida
colgando del raso de un marco bronceado
la eterna inocencia.
Por la pared del oeste sesga la penumbra
 y en la silla desvencijada del rey del sol 
un brazalete de duelo
por los hijos devorados por su padre sordo.

Escribir en España es morir congoja
dice un carnet de baile
sobre la mesa de cristal del salón púrpura.

A la izquierda en el corredor
insomnios de diablos, los letargos y el alba
artesonan el techo a cinco metros del suelo.
Al salir de la alcoba del diván de los magos
en la salita de juegos
una sátira a los suicidas
velando el color de lo extraño.
Exaltado en la sala de tapizada de ocres
el arlequín con máscara de año nuevo
rapta a una palabra de honor para quedarse con ella.
Se ha detenido el pulso firme del reloj
del dorado auriga subido a su carro
llevando las bridas de bucéfalos rampantes,
sobre la chimenea a la que apagó de un frío, soplando el alabastro.
En la sala de la música las teclas del piano son todas negras
insisten nota a notas que no volvieron pájaros oscuros,
cuando te fuiste,
ni la leyenda o la rima
esperan en el terso ángulo de los biombos de marfil.
Hay una catalepsia de aire
para llorar sin saber por qué al abatirse las puertas
oliendo a cerrado.
De aquella fantasía hicieron un museo.
Llevo fiebre
arrasando la frente
el mal de una flor en la cintura.
La boca sedienta de una piedra
quema con su agreste neblina
a la entrada.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Primero


Disparó el primero.
Mi hembra de hierro
tendidos en el moaré de la yerba.
Ella el génesis
yo su verbo.

Cuánta oscuridad me cegó ante el asombro de perderlo.
Otros dispararon primero.
Esto es una revolución, dijeron.
Pon la cabeza en el cepo, cerdo.
Defiendo mi patria, dijo.
Ahora es nuestra patria, dijeron.
Su sangre entre otras cien mil.
Todo lo que aprendieron fue:
a disparar primero.
Bienaventurados los mansos,
repitió un loco por la montaña.
El pájaro del pánico
el mar inclina
cayendo su fuego
a un vacío
sin hondos.

viernes, 14 de noviembre de 2014

¿Eso somos?


Una certidumbre que no acierta a explicarnos
surgida de una fosforescencia irracional
una maraña aún más oscura
que la única sombra que nos persigue.
Un misterio de carcajadas y lágrimas 

¿Eso somos?
¿Qué haríamos sino tuviéramos memoria?
¿Dejar que los sueños se acerquen a nosotros?
¿Entregarnos a sus causas, cuando por la intemperie, se va el tiempo?

Nada tenemos 
no queda nada 
ni una verdad 
ni una mentira
aunque todo 
hasta la manada del aire 
nos parezca nuestra.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Rompecabezas

Qué filo te ha abierto el pecho
qué rompecorazones
te ha devorado

y escupe tus latidos

como si fueran huesos de azúcar
como si fueran arterias avinagradas
por el vino de las rosas

Te has mirado en sus espejos
prisionero y solo
desnudo
sobre un copo de invierno

Paradoja





Una paradoja cuántica.
Un experimento mental de Schödinger.
Una caja y un gato.
Imaginar al minino de las nueve vidas de sigilo dentro de la caja.
En el interior de la caja hay un detector de electrones unido al terror de un martillo.
Debajo del martillo un frasco de cristal con una dosis de veneno mortal.

Ahora a la lógica le pueden suceder dos cosas.
Al dispararse el electrón, activa el mecanismo del martillo y rompe el frasco,
y el tósigo inhalado asesina al gato, al abrir la caja veremos su cadáver,
o el disparo del electrón toma otro sendero sin romper el frasco,
al abrir la caja el gato nos contempla.
El electrón siendo onda y partícula,
siendo ola y bala toma los dos caminos,
y aparece la paradoja atómica,
ya que al mismo tiempo ha matado al gato
además lo ha dejado vivo,
pero quien abre la caja sólo lo verá vivo o muerto.
Pero he abierto la caja y el gato no estaba.
Las paradojas ignoran
que los gatos las han inventado
atomizándose
desaparecen, aparecen
donde y cuando
menos se les espera.

Más allá



Llevaba más de seis meses embarcado, del Ártico al Antártico timoneando entre témpanos
como agujas góticas glaciales sobre el cielo y la ventisca.
Algunas a la deriva rondan impasibles al océano de los deshielos y caen otras abatidas en su orgullo de azul hielo por la insistencia del sol, el único dios que sonríe entre los polos. 
La tripulación del rompehielos ha decidido esa noche hacer fiesta y abrigar la barriga de vodka para desafiar a la añoranza.
Esa noche el timonel no tiene ganas de emborracharse, tampoco de tener compañía, ni de resistir a la nostalgia.
Ha parado las máquinas un momento por un impulso irresistible, desde la proa se vislumbran las constelaciones y la luna.
La nave va a la deriva entre paredes heladas.
El único calor que se escapa es el de su aliento que traza sobre el aire gélido un surco de neblina.
Fueron los crujidos los que precedieron la aparición, unos crujidos ominosos como si la nada se desmoronara.
Antes de que las luces de la nave lo alumbraran, la quilla chocó contra algo que la total oscuridad escondía, deteniendo la travesía sin rumbo por el paso del Noroeste del rompehielos.
El timonel salió de la cabina agudizó la vista y la noche se hizo más clara, entonces vio un barco que por su arboladura le pareció muy antiguo.
Fascinado dio un salto de fe de su proa abordando la otra cubierta blanca y pulida igual que un cristal opaco.
Sobre la cubierta la carga tenía rótulos con el destino de China.
La curiosidad aliada del valor le dio firmeza para no resbalar sobre el plano de crujía del barco desconocido.
Al descender por la escalerilla sintió como si el corazón fuera a parársele, la oscuridad se hizo más densa y le pidió a la luna en voz alta: Dame tus ojos.
Que extraña le sonó su voz rasgando aquel silencio y un fulgor también extraño, iluminó el comedor y la cocina, bajo la cubierta sentados o recostados sobre sus brazos, toda la tripulación congelada parecía dormir como queriendo escapar del frío.
En su camarote encontró al capitán, sentado delante de su escritorio, la pluma en la mano detenida al escribir una entrada en el registro de navegación.
En la hoja nombraba al barco como el Idus de mayo en el año de gracia de 1762.
El Idus de Mayo bloqueado por el hielo del Ártico esperaba un rescate inminente, las provisiones se habían agotado hacía días.
Las últimas palabras escritas con tinta azul exclamaban:

¿Por qué nos has abandonado?

El timonel aterido aún más por la pena o por el miedo o por ambas, volvió a la cubierta, 
saltando de nuevo a su nave en busca de sus compañeros. 
Al ver la expresión de su cara a la mayoría de ellos se les pasó de golpe la borrachera.
Le siguieron hasta la proa pero el barco había desaparecido, huido a un mar sin nombre extinguido entre la luz y el oxigeno de los fanales. 
De pronto en el mástil del rompehielos, el Fuego de San Telmo encendió ocho velas sobre la gavia con un augurio de última despedida.  




martes, 4 de noviembre de 2014

Luz


Cómo mezclas la tierra sombra tostada,
con tendencia al azul.
reguntaste.
Mucho carmín, algo de amarillo y un poco de azul cobalto. 
Dije.
Lo hiciste y bordeaste el rostro que pintabas
y vibró y vivió la piel.

Pintaré el negro más intenso, dijiste.
Cómo, pregunté.
Te guardaste una respuesta en la saliva secreta de tus labios. 
(A un pintor de diecisiete años, al que apenas conocí, al que nunca volví a ver, y que nunca me dijo que iba quedarse ciego.)
Pintura: Luz, en Braille.

domingo, 2 de noviembre de 2014

te deben parecer


Sabiendo donde van 
 sabiendo regresar 
qué extrañas 
la cercas de alambres

que estúpida
la privada propiedad 
del aire 
✈  
que inútil los límites de velocidad 
te deben parecer

Para nombrarte
  peregrina
abres sin límites el cielo
si necesito un rescate
no sé si de tu pureza
no sé si de tu inocencia
marcada la latitud ☛ 

me das a donde escuchar ☝ 

jueves, 30 de octubre de 2014

Al sereno


El asfalto
los edificios colosales
dejan de llenarme sus espacios
desaparece sus contornos y su bullicio
el viento agita las hojas al sereno 
para crecer abriendo paso
un vanitas de otoño sobre la yerba.
En la rama un pájaro y unas gotas de rocío
trémulas rutilan por su punta.

Desconozco quien me enseña el idioma de la distancia ,
invento su atmósfera
plegándola detenida al ahora de mi instinto.
La velocidad de su luz incinera este instante
sé que vencido a sus escombros,
no sé dejarlo ir,
lo retendré en el único paréntesis
que conozco:
(de mi corazón, su universo)

lunes, 27 de octubre de 2014

Ángel del vértigo

Ángel del vértigo
tú que ves
asediando la pasión en los amantes
los salones del soborno
al déspota comiendo,

 al niño bebiendo
a la belleza ayunando
flores y canarios aguardando
en el piso de abajo inundada
de gravedad su pecera 

y miras
debajo de las piscinas a los pequeños
cadáveres de las algas.
Lees sus carteles proclamando:
Red Bull te da alas.
El calor que devuelven los solarios
con la nieve en los hombros

 tocas
los ventanales invisibles por la escarcha.
 Oyes en el ático las risas en off
arritmia del llanto por el séptimo

y escuchando el monólogo de suspiros
cuando dan las doce menos diez
a cualquier sueño, cualquier olvido, cualquier deseo
o una tortura cualquiera 

en buhardillas
o sótanos con síndrome de Estocolmo
o el hastío de los entresuelos izquierda.
Dondequiera el reflejo del celaje
heraldo cristalino
desconsolado hueles
al pie de la tierra humedecida
el disturbio de los ángeles caídos
mientras pasan tumultos
de leonados buitres.

Arrebato


Por las direcciones prohibidas
te mandó la aguja en los zapatos
para que sucumbieras 

te quitó el carmín de la boca
y bajó los mil años de tus murallas.

Arrebato  
encontrando al hechizo
cuando el amor era el camino
 y lo ibas bailando
hasta que encendió
a tu descalzo tacón

 la alborada.

Frére Jacques


Uno de mis momentos favoritos del día
es salir con Frida de paseo,
sentarnos en una terraza si la lluvia lo permite.
La dos tenemos un pacto, la galleta que acompaña el té o el café
es para Frida, partirla en tres trozos, para el ritual de la mañana.
Si se me olvida, Frida me lo recuerda, rascándome la pierna.
Una de esas mañanas que vuelvo a sentirme feliz, sólo por dar ese paseo                                                
y tomarte ese té con ella,de pronto veo a unos niños que se aproximan con su maestra,                  
son muy pequeños, de tres y cuatro años van de la mano, alguno saltando.                    .
Llevan un mandilón de rayas blanco y azul, igual que el que llevaba yo.                  .
Cantan:
Frère Jacques, Frère Jacques,                                                                 .
Dormez-vous? Dormez-vous?                                                         
Sonnez les matines! Sonnez les matines!                                   
Din, dan, don. Din, dan, don.                                                 
    
La misma canción que cantaba a su edad.                        
Pasan y se alejan.                                                       .          
Entonces me viene aquella frase del poeta,                         
Ayer es hoy todavía.                                                     .      .      
Me pregunto si aquella niña que era yo está orgullosa de mí,      
y cuánto, cuánto me dolió decirle adiós. 

 

viernes, 17 de octubre de 2014

Antes de después

Antes una gota
después de un río cautiva
llegando a una mar
espuma rozagante
desembarca esfumándose
en el níveo silencio de la orilla.
Después, antes,
mi gota de sangre
un maremoto
o mar remoto.

lunes, 13 de octubre de 2014

Horas


una hora que fuiste muchacha
otra hora que fuiste madura
una hora más que fuiste anciana
otra que fuiste niña
y otra hora adolescente
y debajo de todos tus partos

escondida

domingo, 12 de octubre de 2014

Mito


Esperé en el acantilado
a las odiseas
por oír sus cantos
y engañada por las lamias
me priven de razón creyendo 
en la verdad hipnótica de las quimeras
más no aparecieron
ni  os terrones corintios de una isla
siquiera alumbraron las Pléyades
los fanales han apagado sus incendios
duerme Eolo el viento en las afueras de Tebas
Aurora madre de mi madre
cuantos anoches que te has ido.
Mujer, dijeron las leyendas
también te naufraga por el cuerpo
tu mito.

martes, 7 de octubre de 2014

Empujoncito


Mi padre empujando el sillín de mi bici, en otoño, o 
verano en primavera o invierno.
No tengas miedo me decía, yo te sujeto.
Papá sujétame.
Y en cuanto soltaba, lo adivinaba me paraba incapaz de 
pedalear sola.
Otra vez papá.
Y otra vez y otra y otra y otra, mi padre sostenía el sillín.
Da pedales sin parar, me decía.

Qué paciencia la de mi padre. era el santo patrón de las bicicletas
de la niña de los pedales.
Una tarde que mi padre no estaba, iba restregando suelas encima 
de la bici hasta lo alto de la calle e ilusa de mí, pretendí bajarla de puntillas.
De pronto a favor de la cuesta la bicicleta como una pastilla de jabón, se deslizaba sola
grito
pongo los pies en los pedales
y por miedo ellos encuentra la razón del equilibrio.

Y sigo pedaleando toda la cuesta y sigo gritando sin pulso en los 
frenos, continúo dando pedales por la acera llana.
El domingo volvimos a salir mi padre y yo
con mi bici blanca del sillín rojo.
Me monté en ella, dispuesta a demostrarle que ya había aprendido.
Pero no sé por qué, dejé que mi padre me empujara
y cuando soltó, seguí pedaleando.

Miré hacia atrás y vi el triunfo en su sonrisa.

domingo, 5 de octubre de 2014

El retorno


Un cigarrillo expira en el cenicero atestado de colillas, sobre la mesa cicatrizan otras quemaduras de pitillo. 
Ese caos de papeles, facturas, ceniza y polvo, deja una insólita esquina limpia en la mesa, donde la luz enfoca su atardecer sobre al libro de poemas de N. H. Lazaro y encima del libro, una flor robada en un vaso de whisky.
Antes de irse, comprobará el pestillo de la persiana, para asegurarse que el primer haz de la claridad alumbre sobre la flor alcohólica.
Al ponerse el abrigo, sube el cuello, cerrando la puerta.
Ya en el portal cubierto de azulejos descascarillados, la noche aparenta colarse oscura y sin luna.
Una bocada de calor le inunda, pero siente frío, un frío intenso. 
Camina calle arriba con los poros de la piel erizados, sonríe para tranquilizarse, a su sombra móvil por las paredes. 
La caminata hasta su coche, le hace sudar, y es esa misma oscuridad, quien lo huele. 
Abre la puerta, se sienta y por efecto de la transpiración, las llaves resbalan de su mano, al escuchar  a lejos el estampido del cristal de esa noche interminable a la que no resucitan sus estrellas.


Le esperaba en la puerta, aquella mañana gris y tórrida.
¿Damián Campos?- pregunto.
Sí. Le dijo al abrirle la puerta.
Siéntese. Y con gesto le invitó a que hablara.
Me llamo Óscar Olar. 
Quisiera contratarle para que encuentre a mi hermana, desapareció hace veinte años.

Le mira a los ojos de un azul, que divisa su norte.
Quizá su hermana no quiere que la encuentren.

Le devolvió la mirada a otra gris como esa mañana.
Mi hermana, jamás, se hubiera ido sin mí.


Puede que tuviera una poderosa razón para irse sin usted.


 No… llámelo una corazonada.
Olga, mi hermana, tenía veintidós años cuando desapareció una tarde de marzo.
Yo tenía diez años por entonces, y la esperé, esperé en vano a que regresara.
Si acepta, le dejo mi teléfono. 

Por favor ayúdeme. 
Lo dijo al cerrar la puerta suavemente, dejando detrás de si, el aliento del tiempo perdido.

Entró en el bar, en la mesa del fondo, esperaba Óscar Olar.
Con un gesto saludó a Daniel.  Lo de siempre le dijo.
Se sentó y puso las manos sobre la mesa veteada de mármol.
En mí se cumplen casi todos los tópicos, soy mujeriego, bebedor,  pero tengo ciertos escrúpulos. No engaño a mis clientes, nunca. 
He hecho algunas pesquisas sobre la desaparición de su hermana, es un caso cerrado y sin resolver.
 Lo fue entonces y lo es ahora, la policía así lo resolvió. 
Incluso las averiguaciones privadas que su padre, Octavio Olar, contrató, tampoco arrojaron ninguna pista para encontrar el paradero su hermana.
Veinte años después, prácticamente es imposible averiguar nada nuevo. 

Damián, me gustaría que me acompañara a un lugar, a cincuenta kilómetros de aquí. 
Le pagaré lo que me pida, resuelva lo que resuelva, o si quiere considere que soy alguien que necesita concitar a sus fantasmas.

Al salir Damián guiñó un ojo a Daniel, su amigo y dueño del bar.  
Apúntalo en mi cuenta, luego vuelvo.


Durante el trayecto en coche, permanecieron en silencio.
Al llegar al pueblo de Curría, giraron a la izquierda y después de un kilómetro, se detuvieron frente una descomunal verja de fundición, rematada por una O gigantesca.
Alguien salió abrirles, unos metros más allá de un jardín francés, se detuvieron a los pies de la escalinata de la entrada de un edificio elegante y diseño minimalista.

Supongo que ya habrá adivinado que esta casa pertenece a mi padre, además de percatarse de la inicial que preside la verja, los cristales de la casa, e incluso la forma de este jardín francés, uno de los tres jardines que posee la finca.
Mi padre era un hombre megalómano, extremadamente, a si por este orden inteligente y rico.
Las iniciales de su nombre Octavio Olar presiden todo lo que alcanzó, hasta sus hijos.
Le enseñaré los jardines, mientras le hablo de él. 
De mi abuelo ya heredó una fortuna considerable, pero su habilidad para incrementar su patrimonio era pareja a su carisma, consiguiendo que todo el mundo hiciera lo el que quería.
Era un seductor nato, una araña letal envolviendo en su capullo de seda a su presa y la presa era feliz formando parte de su despensa, presta a ser devorada.
No conocí a mi madre, murió cuando yo tenia un año y mi hermana trece. 
Mi padre no volvió a casarse, fue mi hermana quien se ocupó de mí, convertida en madre adolescente.
Vivíamos permanentemente aquí con el servicio, a mi padre le veíamos poco. 
Una serie de profesores nos educaban por supuesto, Octavio Olar no descuidaba nada.
Aunque no nos proporcionó ninguna instrucción religiosa. 
Despreciaba a los creyentes del dios 
de un viejo libro.

¿Qué le parece este jardín francés, Damián?

Exquisito, las fuentes son extraordinarias.

Mi padre, al concebirlo, se insirió n en las fuentes y la armonía paisajística de Versalles, y las esculturas  emulando las de la antigua Grecia.
Sígame ahora veremos el jardín italiano y la casa de invitados.

Al bajar otra escalinata, formando un cuadrado en su centro con un estanque de ninpheas, enfrentaba un pabellón y la casa de invitados.

Quisiera fumar, dijo Damián.

Claro, ¿Nos sentamos en el banco de piedra? Huiremos de este sofocante calor.
La casa de invitados está vacía sin muebles, aunque en otro tiempo los amigos de mi padre, la llenaban.
Pintores, escritores, políticos, empresarios, incluso el clero, eran sus invitados.
Cuando mi hermana desapareció, mi padre cerró la casa, pero mantuvo el personal para que la cuidara y la vigilara.
Hace unos meses mi padre falleció, por eso volví.
Ven, si no te importa te tuteo, paseemos por el jardín inglés, el preferido de Olga y mío, el más extenso de toda la finca. 
Los jardines ingleses son diseñados como si de un bosque natural se tratara, pero con un estudiado albedrío.  Esta estela de piedra es auténtica, el dios de la celta de la piedra es posible que tenga más de dos mil años. 

Olga creció como una niña salvaje, era independiente y rebelde, en ningún modo dispuesta a formar parte de su papel de reina blanca del ajedrez de mi padre. Pretendía convencerlo que olvidase sus planes para ella y que la permitiera irse conmigo y él a la ciudad. 
Yo era su punto flaco y nunca me dejaría mientras fuera un niño. Supongo que ella tenía algún plan secreto, que no confiaba a nadie, mi hermana era muy introvertida y hermética.

¿La quería, tu padre?

No, creo que jamás mi padre quiso a nadie. Pero cuando desapareció como ya te comenté, no volvimos a esta casa de la que estaba tan orgulloso, y nunca volvió hablar de ella bajo ninguna circunstancia.
Comenzó a prestarme una atención constante, como su heredero, debía formarme para continuar con su imperio. Después nos instalamos en el extranjero debido a sus nuevos negocios y para que acudiera a una prestigiosa universidad privada. 
Hubiera hecho cualquier cosa por agradarle, le quería con una admirada fascinación, que me horrorizaba y repelía.
La casualidad o el azar truncaran todas sus expectativas sobre mí. 
Un accidente le reveló algo que él y yo desconocíamos, desbaratando su ecuación de destino. 
Un análisis dictaminó que soy estéril.

Durante mi convalecencia en el hospital, estuve solo, no fue a verme, ni una sola vez más.
A la salida del hospital, me convocó a su despacho. 
En el banco he dispuesto una pequeña fortuna para ti, la herencia o la legítima que te corresponde. Lo suficiente para que vivas, cómodamente toda tu vida.  
Eres libre.
No quiero verte más.



Hace algo más de un año, su abogado se puso en contacto conmigo. 
Quería verme.
En la cama visiblemente desmejorado me recibió.
Cuánto te pareces a mi padre, tan alto y delgado como él. 
¿Sabes, durante años dudé, que fueras hijo mío?
Me lo espetó así y sin darme ninguna explicación, prosiguió. 
Te he nombrado uno de mis albaceas y quiero pedirte que veles para que cumplan con todas las cláusulas de mi testamento. Nada te dejo, a excepción de algunos objetos que desees de la casa Olar.
¿Lo harás?  

 Por volver a la casa, lo haré. 
¿Quieres decirme algo, que debería saber?

No tengo nada que decirte. 
Vete.
Volvió la cara hacía la ventana, como despedida.

Y me fui, no sentí dolor, ni admiración, ni amor, no sentí nada.



Un mes más tarde, murió. 
Su abogado me citó de nuevo, para comunicarme las condiciones de su testamento, además de mis obligaciones como albacea.
Toda su fortuna se distribuía para la permanencia de las numerosas sociedades de beneficencia  creadas a su nombre, en esos últimos años.
La casa Olar y esa es mi misión, era destinada a un museo donde se instalarían además de las obras de arte que ya contenía, todas las otras que durante esos años, mi padre había comprado. Una colección, una joya, que cualquier país desearía tener.
La mansión Olar fundación y museo formaría parte del patrimonio nacional.
Octavio Olar había comprado la inmortalidad por asociación, su eterno retorno.

Entraron en la casa Olar.
Un vestíbulo amplio y fresco los acogió, resonaron sus pies por el suelo de marquetería.
Damián elevó los ojos al techo, la admiración relajó su boca abriéndola, ante el artesonado.
Óscar sonrío diciendo: Vamos a la izquierda, a la biblioteca.
Se abre los raudales de la tarde en las paredes de la sala.  
La llenan estanterías del techo al suelo de caoba y en algunos anaqueles con puertas de cristal grabadas, de nuevo las iniciales de Octavio Olar.
Una mesa para la lectura, un atril con alas de águila.
Todos los libros en perfecto orden están encuadernados en piel, su título y autor en letras doradas.
Damian observa la nota disonante de un libro de bolsillo, muy manoseado.
Interroga a Óscar, alzando las cejas.
Una pequeña compensación o venganza, entre todos estos libros perfectos, algunos incunables, un libro de poemas de un pobre poeta del sur.

¿Qué es la poesía, para ti Damián? 

Consuelo.

Vi tu flor ebría y comprendí, que lo era todo para el lacónico detective Campos.
¿Crees en los paraísos? preguntó de nuevo Óscar.

Algunas mujeres lo son.

Mi hermana hizo un paraíso para mí. 
Sólo cuando lo perdí, cuando la perdí a ella, lo entendí.

Alguien llamaría a eso incesto.

Alguien lo llamaría pureza, Damián. 

La vergüenza le obligó a una disculpa.
Perdona, he dejado que mis prejuicios continuamente te juzguen.


¿Tienes sed, hambre? 
Vamos a la cocina, allí tengo algo de comer y beber.
Vivo aquí, hasta que finalicen todos los trámites y comiencen las obras de adecuación para el museo. 
Los cuadros de la casa, se los han llevado para catalogarlos.  
Así como todos los muebles excepto los de la alcoba de mi hermana y de la mía. 
Aún no he pensado que hacer con los libros, los donaré anónimamente a una biblioteca.

En la antigua cocina, por primera vez Damián se sintió cómodo.
Se dio cuenta que estaban en el corazón de la casa.
Colgaban de los azulejos sobre la cocina de leña, ramos secos de laurel y de romero.
Me críe con los guisos de Dolores, la cocinera.
El olor devuelve intacto lo más inmediato de los recuerdos.
Su mandil blanco olía a espliego.
Una sonrisa de nostalgia cruzó sus labios.

Comieron, bebieron plácidamente, como el dos amigos que se conocen tanto, que en el silencio encuentran complicidad.

¿Seguimos? veremos el resto de la casa, antes de que oscurezca.
El salón de baile centelleaba sus espejos.   
En las otras salas vacías, lucían en el esplendor de sus suelos, las tarimas de marquetería distintas en cada estancia.
Algunos de los techos estaban decorados con complejas molduras de escayola dorada 
y en su centro, pinturas alegóricas a la sensualidad, la música e incluso la ciencia.
Subieron por la escalera a la segunda planta.
El dormitorio de Óscar era un cuarto de niño, austero, con una cama pequeña, algunos libros, juguetes y un cojín de perro.
El de Olga, más amplio y circundado de ventanas. 
Un tocador con un cepillo de plata y un frasco de perfume.
La cama con dosel y un mosquitero de tul.
Damián sintió unas irreprimibles ganas de tocar, la colcha de seda.
Lo hizo cerrando los ojos.

Óscar dijo: En esa esquina hay un retrato suyo.

Abrió los ojos y la vio. 



Su mirada, vaciló, así como su voz a la que trato de disimular su emoción.
Sugiere su mirada un sutil deseo de algo inalcanzable.

El retrato es mío.
Lo he hecho de memoria, me lo ha inspirado la vuelta a la casa.

¿Te dedicas a la pintura?

No profesionalmente.
Aunque toda, todo artista profesional o aficionado, desea dejar en su arte, todo aquello que por vivir, somos y fuimos. 
Imaginando, presintiendo, porque no queremos separarnos de la carne, anhelamos que el arte sea inmortal porque nosotros no lo somos y por ello lo inmovilizamos sobre papeles, sobre piedras, sobre lienzos, sobre notas musicales, sobre los pasos de la danza, los rollos de película, los espacios que habitamos. O de cualquier forma que hallemos, en infinitas combinaciones, desde lo abstracto a lo concreto, desde la razón a la sin razón, desde lo penetrable a lo inexplicable.
Y desde siempre y lo sigue siendo es una expresión espiritual primitiva, una práctica mágica que propicie una protección ante lo efímero.

Óscar y Damián callaron, la oscuridad invadió la habitación y sus caras.


Aparcó frente al bar. Óscar le puso una mano sobre el hombro.
Sé que es imposible que averigües algo, ya me lo has dejado muy claro. 
Te ruego que lo intentes un poco más, dentro de par de meses voy a irme, los trámites habrán finalizado y se harán cargo de la casa.
Antes de irme, te llamaré si tú antes no lo haces. 

Damián asintió y bajó del coche, una intensa ráfaga de calor aún más asoló a la noche


Entró en el bar se sentó en la barra.
Hola Dan, qué tal si me pones un gin tonic.

Por fin has aterrizado por aquí.
Eso está hecho, espera que voy a cerrar.
Insoportable esta canícula. 

Damián le contó donde había estado.


Olar… me suena.
Ah ya sé. 
Mi tía, tiene un tasca en Cuerría, con su cuñada Dolores, y ésta trabajó hace mucho tiempo en la casa Olar.

Dan, quisiera hablar con Dolores. 
¿Te importa llamarla mañana?

Claro, mañana mismo.

Entre copa y copa, los dos hablaron de mujeres, de deseos y de lugares a donde nunca irían.

Salieron de madruga del bar. 
Damián vivía cerca, se despidieron al cruzar la calle.
Miró el buzón antes de subir la escalera.
Se tumbó en la cama, y sólo se quitó los zapatos,  se durmió en pocos segundos.

 Quiere correr entre en la niebla, no puede, lo intenta, da dos pasos, se ahoga.
Las sienes martillean, le taladran el cerebro. 
Algo le persigue sin poder escapar, y corre otra vez sin moverse en una carretera oscurísima.
La lengua se le seca y la siente gruesa, rajándose, traga para que vuelva la saliva.
Le va alcanzar, el pavor le da la fuerza y  corre y corre a pulmón, el corazón desbocándose le estalla.
 Cae, la sangre le inunda dejándole ciego, se arrastra abriendo la boca con un gañido, cada vez más ronco, toma aire para un estertor. 

El sonido del teléfono le despierta.
Es Dan, para decirle que sus tías le esperan cuando quiera.
Vuelve a tenderse en la cama, hasta que su respiración se tranquilice y fuma un cigarrillo sin recordar la pesadilla que ha tenido.

Un sol inmisericorde continua mortificando los días que han pasado, hasta esta nueva mañana en que Damián entra en la tasca de Cuerría.

¿Eres Damián, verdad? pregunta una mujer sonriente con la cara surcada de arrugas, la tez sonrosada y el pelo entrecano.

Dolores, ¿puedes salir?
Entra hasta la cocina, estará ocupada y no me oye, gira por aquí a la izquierda y después a la derecha. 

La ventana la encuadra de espaldas.
 Remueve el humo y el olor de una perola, se gira y sus ojos sonríen, sobre el cuerpo el mandil terso y fragante le recibe.

Soy el amigo de Dan.
Ah sí, Dani nos dijo que vendrías, investigas la desaparición de Olga, aunque creo que mi ayuda apenas te servirá, pero contestaré gustosa a lo quieras.
¡Qué calor! días y meses llevamos soportándolo.  
Te daré un té helado. ¿Te apetece?  

Sí, me apetece.

Le invitó con un gesto a que se sentaran en la mesa.
Ha sido Óscar quien te ha contratado. 
Sí, cuénteme sobre la casa Olar y el último día que vieron a Olga.


Ha venido a verme a su vuelta, Óscar ha cuidado de mí todos años, enviándome dinero. 
Trabajé en la casa Olar más de cuarenta años, ya en vida del viejo Julio Olar.
Óscar se le parece tanto, por dentro y por fuera. 

Bebió un poco de té dorado antes de continuar. 
Damián se percató, que hacía esa pausa para evitar emocionarse y concretar sus recuerdos.


¿De qué le sirve a la soledad, el dinero?
preguntó al continuar. 
Olga, era niña totalmente sola antes de que naciera Óscar, a excepción de su perro que la seguía a todas partes. 
Estábamos nosotros, el servicio que la queríamos, pero todos nosotros teníamos nuestras vidas fuera de la casa Olar.
Y ella se crió aquí sola, sin sus padres la mayor parte del tiempo lejos, ocupados en sus respectivos intereses.
Octavio tan cautivador y glacial, su madre Lucrecia superficial y hermosa.
Desde el mismo instante en que nació, Óscar lo representó todo para su hermana y Olga para él.
Es un niña fuerte, frágil, taciturna, idealista. 
Me enseñó a leer con los libros de su padre, si Octavio Olar se hubiera enterado que la cocinera manoseaba sus libros, no sé, qué hubiera ocurrido conmigo.
Sensible, y más entreabierto que ella, el niño Óscar.
Después de su nacimiento, se extendió un rumor sin una fuente clara. 
Se decía que Óscar no era hijo de Lucrecia, pero el rumor como surgió, se apagó.
Supongo que sabes, que la madre falleció un año después de darnos a Óscar.
Un cáncer galopante.

Los últimos días antes de la desaparición de Olga, un gran cantidad de invitados vinieron a la casa.
Uno de ellos, el político Casto León, para inaugurar las obras finalizadas del embalse, abrir la exclusa que inundaría el pueblo vecino, el que estaba sólo a un kilometró de la Casa Olar.
El abandono del pueblo fue terrible, algunos vecinos no querían irse. 
Un nuevo trazado de las carreteras que lo bordeara sería más costoso.
El bien general frente al bien de unos pocos…
La iglesia y el puente románico fueron inundados también por el agua, así como el cementerio, la escuela con su pizarra y sus pupitres de madera.





Una de esas mañanas, Octavio y Olga tuvieron una fuerte discusión,  era muy habitual entre ellos.
Aunque esta vez a su padre le encontré muy afectado, nunca le había visto así, ni por nada ni por nadie.
A la niña no pude sacarle ni una palabra, pero había una feroz determinación en su mirada.

La noche anterior a la inundación del embalse, Olga desapareció.
Lo había hecho otras veces aunque por unas horas, nadie sabía adonde iba, porque ni siquiera a su hermano se lo contaba.

Octavio, avisó a la policía, durante meses la buscaron, incluso en el extranjero, hasta contrató investigadores privados. El caso fue archivado sin resolver, igual que tantos otros.

Dolía sólo mirar a Óscar después la marcha de Olga, un niño de diez años con aquella desesperación intensa, silente.
Años después, me escribió, quería saber de su vieja Dolores.

Le proporcionó a Damián, algunas direcciones y nombres de los trabajadores de la casa Olar, por si le eran de ayuda. 
En especial la de Lucas, el jardinero.


Damián cogió su mano, la besó, antes de irse.


La sequía continuó los días y las noches siguientes, la tierra habría grietas mudas, bocas desmayadas abiertas y suplicantes.


Durante algunas semanas a Damián Campos, otro caso lo tuvo ocupado. 
En algún momento libre, se entrevistó con aquellas persona de servicio en la casa Olar que pudo localizar. Apenas aportaron algo más de lo que le había revelado Dolores.

Una tarde decidió dar una vuelta con su moto sin rumbo fijo.
Enfiló la carretera, la velocidad le tomó, salió de la ciudad. 
Recibió el gusto de la brisa en la cara.
De pronto recordó aquel sueño suyo tan extraño.  
Una mujer era quien corría por el camino, no él.
Y por un impulso sin sentido, giro a la izquierda.
Poco después  se detuvo junto al embalse.
La sequía decreció el agua y la aguja de la iglesia asomaba. 
También descendió la noche, Damián continuó mirando las ruinas emergiendo.
Le pareció escuchar una y otra vez, el sonido de una campana fantasmal. 
Entonces recordó el verso de N. H. Lazaro.


Haré alzar todas las aguas 
cubrirán sobre ti 
por la sima que desciendes 
abrirse haré del alabastro los féretros
las manos de su espanto
arrojarán un puñado de sombras
que en secreto 
te amortajen en la nada.
Me llevaré tu sueño y tu lenguaje
para entregarlo a los páramos 
más amargos y hambrientos.
Tenebroso filo he dado a la muerte
para que corte la luz 
que tus pupilas devuelven.
Me doy a conocer
en la epifanía desmembrada 
de esa carne tuya 
alma tuya
que de su éxodo
jamás habrá existido.




Con un escalofrío recorrió su espalda, lo adivinó.


Óscar le llamó por teléfono.

Damián: ¿Podemos vernos?

Te espero en mi oficina.
Colgó y en menos de media hora atravesó la puerta del detective.

La luz enfocó su sobre su rostro, dos pronunciadas arrugas en las comisuras de los ojos, revelaban la tensión de la espera de esas semanas.


Los resultados de la autopsia y las pruebas de A.D.N. dictaminan que el cadáver encontrado en el embalse, es Olga.
La causa de la muerte, asesinato, por el agujero de un disparo, en la parte posterior de su cráneo.

Tu intuición dio de lleno en la diana.
¿Cómo lo supiste?

Entre sollozos, Óscar continuaba, le colgaron una soga con una piedra para evitar que emergiera.
Todo este tiempo estaba muerta, todo este tiempo manteniendo la esperanza.
Quién y porqué, nunca lo sabremos… ¿Verdad?


¿Quieres una copa? 

Asintió con la cabeza.

Cuando pudo serenarse, dijo: 
Tendré que decírselo a Dolores, se enterará de todas formas por la gente o por los periódicos.
No sé, no sé como voy decirle que la mataron. 

Es culpa mía, debí dejar las cosas como estaban, seguir con la incertidumbre, en ella estaba viva.



Epílogo.

Lucas, abrió una pequeña fosa debajo del gran roble, al oeste del jardín inglés.
Una caja chiquita con los restos de Olga fue enterrada al lado de otra caja metálica, grabada con el nombre de Boj, su perro.

Dolores, Damián, Óscar y Lucas arrojaron flores de loto, símbolo de resurrección, porque
eternas son sus semillas durante miles de años, después la tierra.
Por último la sellaron con cemento para colocar una placa de bronce.


Aquí descansan Olga y Boj
      Existieron para amar


Cayó una gota de lluvia y después otra y otra.
 Y el viento asustó al roble, derramando la balada de sus hojas.



Dos meses después Damián recibió un paquete con un mensajero, y una carta.

Querido detective,
Me voy, por fin.
Les he pedido un favor, que planten lavanda al pie del árbol, mientras exista el museo. 
En el paquete hay un cheque a tu nombre, no te enfades, por favor acéptalo.
Su retrato es para ti.
Tuyo siempre, amigo mío.

Gracias, 
gracias por devolvérmela, 
por su retorno 
a casa.