miércoles, 17 de noviembre de 2021

Romance de maleficio

Mi abuela vivía en una casita de planta baja a las afueras la ciudad. La edificación de líneas sencillas donde la fachada mostraba una puerta marrón se abría en dos hojas y un par de pequeñas ventanas con rejas.

Encalada de un blanco que en ocasiones el frío de la tarde entonaba de un insólito añil contrastaba y realzaba su único adorno, un rosal trepador que escalaba la altura hasta el tejado poniendo a salvo la sangre oscura y satinada de sus rosas.

Mi abuela prohibía que nadie cortarse ni una sola de sus rosas trepadoras.

Su prohibición atrajo mi deseo a un campo irradiado de tentación y yo cuando iba de visita las miraba de reojo en lo alto codiciándolas con una violencia secreta.

Al final del verano el rosal decidió, quizá hastiado de tanto escalar, descender por la fachada para favorecer una accesible tentativa. Ocurrió así porque de puntillas pude arrancar una y sin que nadie lo advirtiera corrí con mi botín hacia la parte trasera de la casa hasta el fondo del prado donde dormían un sueño de sombras el pozo con la higuera.

Allí escondida abrí la mano herida por las espinas y la rosa intacta en mi palma era suavísima, al acercarla a mi cara su olor me cerró los ojos y como en un cuento la maravilla de aquel aroma semejó al hechizo de una pérfida reina o una bruja perversa y temí que si dejaba de olerla moriría.

La reina bruja del cuento de mi infancia, no era otra que mi abuela que había envenenado y desmoronando mi realidad hasta entonces ignorante de sus complejidades porque  meses antes de arrancar la rosa intuí que mi abuela no me quería. 

Por qué, jamás tuve una respuesta a esa incógnita, ninguna razón oscura y oculta por su parte me fue revelada que pudiera enriquecer de fantasía lóbrega mi cuento. 

Me temo que la razón demostró ser tan prosaica como sencilla y es que no existía ninguna.

Me dolió el zarpazo de su indiferencia como lastima siempre el amor no correspondido pero ambas disimulamos siempre, ella su desamor y yo mis ansias de echárselo en cara.


Escuché la llamada para irnos, queriendo evitar que me atraparan oculté la flor entre las matas de ortigas que a mansalva bordeaban el linde más descuidado del prado. Sentí al hacerlo la quemazón de las ortigas luego convertida en ampollas que escociendo ocultaban su verde ardor entre los rojos arañazos.

Nadie conoció mi castigo, luego mucho más tarde, el olvido hizo reiterado su trabajo llevándose el resquemor de ampollas y arañazos, los desdenes de mi abuela, mi dolorida rabia mientras el tiempo se hacía cargo de la niñez.

Los cuentos escriben felicidad colorada en sus finales resueltos los hechizos que tejieron brujas o hadas para que cerremos el libro, desaparecidos los encantamientos, los dones de la magia, sus dogmas y que así todo concluya o lo simule porque más allá de tiempo u olvido a veces acecha regresando el maleficio embriagador de aquella rosa y me perfuma.




lunes, 13 de septiembre de 2021

A Manu en su Parra


Querido amigo 

parece que fuera el viento

quien trae flamante la carta donde tu mayo aparece

desde aquellas primeras letras detenemos imposiblemente

ese tiempo que a veces se pierde o se esconde de nosotros

impidiéndonos ser dueños de nuestra vida.


Vidas nuestras que se llenan o vacían con hilo de reloj de arena

compartidas en los blancos desiertos de las hojas

desalojados del corazón dolor o alegría 

pesándonos arte poesía y belleza

como son 

extraños males que nos dejan solos

transparentes desguarnecidos.


Inventamos un limbo 

cercano por relativo lejano por absoluto

donde una amarra lleve lo efímero a lo eterno.


Sabiendo que tienes tú como emblemas paz y pasión

te respondo desde un mayo sin memoria 

tantas veces compartida a fuerza de esa luz 

tan antigua tan nueva

que ilumina la cara de dos mundos suspendidos en lo oscuro.







miércoles, 28 de abril de 2021

Pandemiun

Escucho un grito entrando en la sala, después un segundo y otro más fuerte bajando por la escalera.

El cuarto me lo escupe directamente a la cara, una erupción de quejas y amenazas salidas de la boca cráter de mi hija Dafne por nuestro traslado al norte, a lo que llama esta apestosa casucha, tras irnos de nuestro piso en Madrid huyendo de la pandemia de covid-sars19.

Los contuve con silencio hasta que frustrada Dafne da un portazo quedándose con el pomo en la mano.

Su estampa de post punk adolescente agarrando el pomo sin puerta me hace soltar carcajadas y ella está a punto de hacerlo también aunque se lo impide su orgullo de underground.


Esa madrugada los cuatro gritos volvieron a resonar de nuevo, al principio pensé que formaba parte de un nuevo método de venganza, aullar a todas horas incluso en plena noche impidiéndome dormir. 

Al verla salir al pasillo con cara de temor me asusté también por ese eco retrospectivo que devolvió sus chillidos horas después. 

Trato de convencerla y convencerme de que la madera de la casa es demasiada vieja por lo que sus crujidos son similares a gritos sobre todo cuando va a llover y las tablas del suelo perciben la humedad y se hinchan.


Me observa como si estuviera loca y volvió a refugiarse en su nuevo cuarto bufando.

Yo me voy al mío intentando creerme mis propios argumentos.


Intento dormir porque mañana me espera un duro día tratando de poner la casa en orden, además a primera hora vendrán los de Orange para instalar internet.

Esa fue otra de las condiciones para alquilarla además de que se ubicara en la ciudad y poseyera un jardín pequeño.

La inmobiliaria entendió perfectamente mis deseos esmerándose en encontrarla ahora que tanta gente busca vivienda en Asturias para alejarse de la pandemia del coronavirus. Al fin me consiguieron este destartalado caserón tanto en el interior como el jardín.


Detesto la suciedad y el desorden tanto como odio la mentira o la crueldad.

Aunque cayendo en mis propias contracciones mentí a Dafne, no una sola vez sino varias, le mentí incluso sobre su padre. Mentí así mismo sobre esta venida haciéndolo pasar por un tiempo de alejamiento con billete de vuelta con lo que también fui cruel.


 A la mañana siguiente cuando bajo a desayunar Dafne ya está en la cocina, ha hecho café y bebe ese intragable zumo detox y me mira horrorizada cuando sucumbo a la mantequilla y la mermelada.

La celulitis y el azúcar acabarán contigo, madre- me espeta con suficiencia y me olvida a mí y mi respuesta pues su móvil atrae toda su atención.


Los de Orange tocan el timbre haciendo sonar un ring ring enmohecido. Les abro y dejo en su quehacer mientras asciendo la rechinante escalera que lleva a la segunda planta donde hay cuatro habitaciones y dos cuartos de baño completos, uno de ellos con una antigua bañera de patas en forma de garra.

La primera planta está ocupada por una amplia sala con un gran ventanal de pequeños cristales pavimentada por un precioso suelo de madera de caoba oscurecido por el tiempo que necesita urgente un acuchillado. A la izquierda un pequeño arco enmarca la puerta de una confortable cocina con muebles de madera clara en bastante buen estado y un encantador suelo de damero cuyas losetas negras sufren del desgaste también del tiempo y en algunas partes las jaspea de gris.

Este suelo deslucido haría las delicias de un decorador obsesionado con piezas desgastadas vintage.   

Al lado de la pila del fregadero una anticuada nevera ofrece repentinos ruidos y sacudidas súbitas a su lado una puerta da acceso al aseo empapelado con un descolorido papel de florecitas.

Toda la casa necesita reformas incluso el pequeño jardín habitado por un único árbol. 

El magnífico laurel  fue el causante definitivo de que eligiera esta vivienda entre las otras que me ofrecieron, una decisión sentimental e impulsiva como tantas otras que he hecho en mi vida.


Dafne significa laurel, la elección de este nombre para mi hija tampoco fue casual. 

Mi madre solía contarme cuentos sobre mitología clásica al acostarme.

Mi preferido era la versión que ella improvisaba siempre del poema de las metamorfosis de Ovidio sobre Dafne y Apolo.

Además tenía entre sus libros, una fotografía enmarcada de la espléndida estatua de Bernini que los representa.

El escultor plasmó el instante en que la ninfa Dafne comienza a convertirse en un árbol de laurel antes que el dios Apolo la atrape. 

Con aquellos cuentos míticos mi madre concitaba belleza y fantasía en mi pequeña vida.


Mi recuerdo desaparece alterado por el alboroto que mi hija monta al bajar la escalera de castaño que conduce a la buhardilla. Me informa que allí hay una serie de muebles viejos casi hechos pedazos que seguro van a matar de placer a una hipster como yo.

Continua bajando, no sin antes advertirme, que el viejo baúl se lo adjudica para ella.

Que muestre interés por algún objeto me entusiasma aunque mantengo un buen cuidado de que no lo note esta nihilista de pelo azul.





Ni intentes ducharte sale una especie de pasta maloliente del grifo- añade corriendo escaleras abajo para salir e irse antes de que intente detenerla ya que no conoce la ciudad ni a nadie en ella.


Examino el grifo de latón de la bañera, el agua corre fluida y limpia, sin embargo pesé a que estemos a mediados de junio, un frío tan repentino como glacial me hace tiritar de pronto.

Cierro la ventana con forma de arco ojival aunque antes me asomo por ella y contemplo el escaso jardín tan henchida como lo haría una reina desde su torre columbrando su vasto dominio.

La temperatura de fuera parece normal para esta primavera pero necesito una chaqueta y voy en su busca. 

La encuentro en una de las maletas aún si deshacer, debajo de ella aparece el pañuelo de cuello que mi madre solía usar más menudo con sus flores blancas sobre un fondo rojo vibrante. 

El verlo me encoge el estómago porque la rememoro entrando por urgencias en el hospital con síntomas graves un dieciocho de marzo.

Tras unas horas nos informaron que se había infectado de esa nueva enfermedad que furiosa empezaba arrasar como pandemia.

Desde ese momento nos impidieron acompañarla pero cuando me era posible iba enfrente  del edificio del hospital para sentirla cerca.

Necesito pensar que la muerte vino a por ella una de esas veces en que yo miraba la que creía su ventana.  

Ni siquiera pudimos velar su cadáver, tampoco tuvimos la elección de una tumba únicamente nos entregaron cenizas para hacerla regresar al viento.

Su muerte fue una estadística más entre miles de cuerpos en medio de esta atroz adversidad.


Me pongo el pañuelo, la levedad de la seda me roza el cuello, lo acerco a la cara y me reconforta su olor a violetas pero también reaparece el agujero que abrió su muerte.

Abismo sin fondo ni forma haciéndome caer y caer en una oscuridad interminable donde se suspendían desiguales y sin longitud mi dolor y el pánico. 

Me miré hundida en el y quise escapar de la pérdida y del vacío que continuamente recomienza.

¿Únicamente existimos de verdad cuando amamos y nos aman?   Eso creo, apenas estoy segura de nada de este mundo pero sí de que mi madre me quería.

Nunca fue demasiado cariñosa, es más incluso en ocasiones se mostraba distante conmigo como si no deseara que dependiera de ella en exceso, ahora pienso que trataba de convertirme en lo que soy, una sobreviviente que sigue adelante sin saber hacia adónde.

Ese duelo sin fondo ni forma dio paso a su causa y efecto. Si la causa fue su muerte, huir de ella trayéndonos hasta aquí fue el efecto.




Instaladas desde mayo los días de primavera transcurren y se van, en los meses de verano me afano en el jardín intentando cultivar fucsias u otras flores acompañado mi empeño del rechinar de una de las gruesas ramas del árbol que medio partida se hacía oír cuando soplaba el sólido nordeste.

Olvidaba talarla o quizá es que siento renuncia a hacerlo. Me siento frustrada ante el fracaso de mis esfuerzos de jardinera sin conseguir más que algún tallo raquítico pese a los consejos de la vecina, que vivía en el chalet de al lado.

Mi vecina es una mujer mayor, muy flaca y con una piel tan traslúcida que deja entrever la red cruzada de sus venas azules conquistando toda su fisonomía.

Suele usar unos vestidos claros que paradójicamente estilizaban todavía más su cuerpo enteco semejante al tallo de una flor que busca ansiosa la luz en la penumbra con que la castiga un elevado muro.

Sin embargo su jardín era un luminoso y minúsculo edén donde se alternan y compiten en forma, color y aroma puñados de flores. 


Sin duda Dafne es más feliz que yo en nuestro nuevo destino además ha hecho tres amigas.

A las que rebautizo como Chachi, Mogollón y Mola por tantas veces como cada una de ellas repite esas expresiones. En alguna ocasión se me escapa llamarlas así sin que ellas lo adviertan o si lo hacen lo ignoran salvo una Dafne que me mira intentando matarme.

Mola tiene una extraña belleza, delgada y alta con un tatuaje sobre su largo cuello que lo cubre totalmente de negro para que destaque otro tatuaje de una rosa verde. Lleva su tupido pelo muy corto y hacía arriba consiguiendo que el cuello se alargue y destaque todavía más. 

Invariablemente se viste de negro, con ropa larga, amplia o ceñida y botas militares. 

A pesar de su estampa formidable es lacónica y discreta.

Mogollón mueve un cuerpo voluptuoso y un carácter de líder.

Chachi es graciosa, ocurrente, con una alegría innata y contagiosa sin embargo cuando la molestan lanza palabrotas escalofriantes.


Esta tarde han venido a buscar a Dafne para ir a un burger cercano insisten en ayudarnos a bajar todos los muebles de la buhardilla para que les demos una vida nueva.

Todos menos el baúl que sin restaurar Dafne coloca a los pies de su cama.


Cárdena por la herrumbre la cerradura se niega a ser abierta y Dafne evita forzarla. 

No le hice el más mínimo caso cuando días después me comentó que a veces escuchaba una especie de latido que parecía provenir de su interior. 

Solía demostrar un perverso sentido del humor.

En cambio nunca parecía percibir en la casa los olores extraños o ese frío o calor sofocante u otras manifestaciones que aparecían para desaparecer en ocasiones instantáneamente.

 


Todos los veranos de mi infancia están unidos a esta ciudad y por eso quise regresar donde había sido feliz. 

Mis reencuentros con amigos y familiares asturianos que aún conservo son de momento esporádicos.

Disfrutamos de este verano espléndido con semanas de sol a raudales, algunas mañanas intento pasear por la orilla del mar o por las sendas que lo bordean, la mascarilla que debemos llevar a todas horas fuera de casa es un auténtico suplicio por el calor.


En septiembre mi hija con voz de encantadora de serpientes trata de convencerme para que alarguemos nuestra estancia en la casa del laurel un año más. 

Estoy de acuerdo aunque muestro una hipócrita renuencia a hacerlo, en ningún momento le confieso que había hecho un alquiler por dos años que incluso incluye derecho a compra.

Si le hubiera dicho la verdad de ningún modo habría querido quedarse, llevarme la contraria es otro hábito de lo más recurrente.


Ella misma se matricula en un instituto cercano donde van sus amigas. Y aquel secreto dolor que guardaba desde hace mucho tiempo, quizá las maquinaciones de un malévolo cupido, pareció irse más adentro hasta desvanecerse porque sus ojos verdes y sombríos de nuevo brillaban como el sol alumbrando la yerba.


El otoño ocasiona la segunda ola del coronavirus pero Dafne tampoco da muestras de querer regresar pese a la complicada situación que multiplica aquí los contagios y que exige de nuevo un confinamiento más leve. 

Las UCIS volvieron a llenarse para agotar a una ya de por si extenuada plantilla de sanitarios por todo el país. Únicamente ellos, los enfermos y los que hemos perdido a alguien querido tenemos total consciencia del alcance de esta peste que nos devasta.


El disfraz de zombie de Dafne para este Halloween cuasi virtual, nos puso a prueba a ella como maquilladora y a mí como costurera de jirones.

Más tarde mientras desmaquillaba sus ojos de la densa pintura violácea que le daba un aspecto aterrador, me espeta que ha tenido la sensación de que alguien la seguía cuando volvía de dar una vuelta por las calles con las muertas vivientes de Chachi, Mogollón y Mola.

Te habrá salido un acosador novio cadáver- le suelto y le doy la espalda con una mueca fastidiada ante la que creo otra de sus bromas de mal gusto.



Un gato callejero se pasea por el muro de la casa una de estas sobremesas de noviembre.

Con un equilibrio imposible de cuatro patas acompasadas sobre el puntiagudo vértice de piedra y musgo del muro, da una vuela tras otra sin atreverse a saltar dentro del jardín siendo observado por una Dafne sentada en una hamaca de playa.

Un salto perfecto le hace aterrizar en una rama media del laurel descendiendo de forma mayestática igual a una vieja deidad ante sus rendidos acólitos.


Les observo a los dos desde la ventana de arriba, Dafne murmura algo, el gato se acerca a ella y luego éste alza para mirarme sus rasgos de pantera en miniatura donde refulgen dos ojos de un verde turmalina tan transparentes como la quietud cristalina de un lago atravesado por una súbita ráfaga de luz.

Desde ese día el gato decide ser el guardián perenne de la casa, entrando y saliendo a su antojo, durmiendo sobre las camas y desapareciendo por horas o días. 

En ocasiones a su vuelta deja pequeños ratones a los pies de la cama de Dafne, es su manera de rendirle un tributo de amor. 

Apolo es mi sugerencia para su nombre y fue del agrado final de Dafne que desechó el elegido por ella, que era el de Poe.

El elástico minino solía ignorarme prácticamente todo el tiempo excepto cuando la casa parece manifestar alguna de sus extrañas señales que únicamente yo presiento, entonces se acerca a mí extendiendo su protección de dios lar.



Goteras en el techo y grietas en las paredes van apareciendo sucesivamente poniendo a prueba mi ya escasa paciencia para quedarnos.

Si continuamos aquí es porque no tengo fuerzas para marcharnos además de la oposición de Dafne que insinúa que estoy tan afectada por la muerte de mi madre que veo catástrofes y fantasmas en todas partes y cualquier problema nimio me parece un cataclismo insalvable.

Es cierto que los fantasmas me persiguen pero son unos espectros íntimos, algunos queridos y otros aborrecidos como también es cierto que la muerte de mi madre parece negarse a irse y liberarme.

Arreglan las goteras, las grietas vuelven a salir, la inmobiliaria y el dueño una y otra vez las reparan mostrando una perseverancia digna de encomio.


Será la vecina quien me cuenta lo poco que conoce de la historia de la casa.  

Su actual dueño vive fuera de España, la ha heredado de un pariente que tampoco había vivido demasiado en ella. 

La casa del laurel fue construida hace mucho por una familia que apenas tuvo la ocasión de ocuparla. El destino o el azar dispersó a sus miembros que la vendieron casi antes de estrenarla.

Los nuevos compradores la habitaron intermitentemente una decena de años y después sería alquilada a uno u otro fugaz inquilino. Por alguna razón ninguno de ellos parecía capaz de habitarla por un largo tiempo.

Cuando nosotras la alquilamos hacía más cinco años que nadie vivía en ella a pesar de su privilegiada ubicación. 

Como explicarle a mi vecina lo que ocurre en la casa, es tan… sutil.  Lo cierto es que por una parte deseo irme pero por otra algo indefinido me ata definitivamente a sus paredes.


A su paso el tiempo trae diciembre, al frío, la certeza de las primeras vacunaciones y la navidad. 

Dafne se empeña en decorar el jardín y el laurel con una multitud de luces led que compramos en un chino cercano.

Al oscurecer cuando se enciende el árbol, la entrada y el jardín se inundan de minúsculos e infinitos destellos parpadeantes y dorados.

  

En nochevieja Dafne saldrá hasta las nueve, yo trabajo en el ordenador cuando de pronto el estruendo comienza.

Lo achaco a una repentina galerna que aparece sin avisar agitando las contraventanas abriéndose y cerrándose como meros juguetes entre sus dedos embravecidos.

El timbre suena, abro la puerta, salgo y pregunto quién anda por ahí. Esto es lo último y lo único que recuerdo.

Despierto con un tremendo dolor de cabeza porque Apolo me araña frenéticamente entonces escucho como un gemido entrecortado, me pongo en pie como puedo y camino torpemente hasta que encuentro a mi hija aterrorizada; mirando fijamente a un hombre gordo y ennegrecido que está tendido sobre el suelo debajo del laurel al que todavía de su ropa sale humo producido por el cortocircuito de las luces navideñas que parecen haberle fulminado. El hombre tiene una herida en la cabeza por la que todavía sangra.

A la policía será a quien una Dafne extremadamente pálida relata lo ocurrido. 

Desde hace algunos meses mi hija había notado como si alguien la siguiera a menudo aunque era más un presentimiento que una realidad porque nunca pudo descubrir a nadie.

Creyéndose paranoica dejó de darle importancia, se relajó e incluso no volvió a pensar en ello.

Hoy cuando regresa a casa al entrar por la puerta del jardín y recorre el tramo que lo une a la entrada de la casa siente que alguien la agarra por detrás y le tapa la boca. 

La obliga a que camine hacía el laurel mientras la amenaza e intenta atarla susurrándole que si chilla entrará y me matará. Con el cuchillo le hace un corte en la cara haciéndole comprender que cumplirá su amenaza. 

De pronto las luces de navidad se agitan, el viento asemeja levantarlas y arrancarlas.

Una rama da crujido y un golpe rotundo cae sobre la cabeza del hombre grueso que se desploma soltándola un segundo antes de que se produzca el cortocircuito que lo electrocuta matándolo en el acto. 


 Al día siguiente la policía nos informa que el atacante es, era un conocido violador y asesino de adolescentes al que hacía un año que habían dejado salir de prisión por buena conducta. 

Nos siguió desde Madrid porque una vez que elegía una víctima era tal su obsesión por ella que no cejaba hasta que al fin conseguía violarla, mutilarla y asesinarla.

La pandemia que nos confinó en casa malogró y dificultó sus planes, al irnos de Madrid casi frustramos su acoso hasta que averiguó donde nos encontrábamos y vino en pos de su presa. 

La ocasión la pintan calva, eso debido pensar el psicópata al elegir el último día del año como el más idóneo para llevar a cabo su propósito.

Matarme estaba dentro de lo esperado para poder así violar, torturar y asesinar a Dafne dentro de la casa sin obstáculos ni testigos pero el regreso imprevisto de ella, frustra mi asesinato.

La policía mostró una gran extrañeza porque los cables y la instalación parecían estar en orden, sin ningún atisbo de avería o fallo y sin la fuerza necesaria para que diera lugar al brutal cortocircuito que achicharró al psicópata del que se presumía había matado a unas cuantas chiquillas sin que nadie pudiera probarlo. 

Únicamente cumplió condena en la cárcel por la violación de una sus víctimas que consiguió escaparse de él. 

Tras su salida de la cárcel la chica fue atropellada por conductor desconocido que se dio a la fuga.

Deciden dar carpetazo a su muerte. 

Ha sido cuestión de justicia poética- sentencia el comisario.



Escucho a Dafne llamarme desde su habitación la mañana de este enero de hiel y hielo, la tercera ola del coronavirus ya ha nacido concatenada con la segunda.

Subo, la encuentro de rodillas con Apolo a su lado mirando el cierre entreabierto del baúl.

Ha aparecido así- me dice mirándome sobresaltada.

Ábrelo a qué esperas.- la incito con prisa.

El baúl parece vacío pero en el fondo descubrimos una bola de cristal de nieve.

Miramos y dentro del cristal esférico hay una réplica de la casa del laurel con dos mujeres y un gato en el jardín.

Dafne le da la vuelta y la nieve artificial se desliza delicada y suavemente por el fluido, al mismo tiempo vemos por la ventana de su habitación como copos de nieve real caen tras los cristales arañados por la escarcha.


miércoles, 24 de febrero de 2021

Microrrelatos-3

Sfumato 


Cuando el rey aparece en el estudio del pintor, éste continuó pintando inconcreto el contorno de la mejilla.

¿Os dolera separaos de esta obra?

 El cuadro ha llegado a su casa, Majestad.

¿Por qué tanta demora en terminarlo? ¿Es a causa de una búsqueda de perfección?

La perfección no existe, se persigue pero nunca se alcanza.

En realidad un cuadro nunca se termina, pero pronto os lo podréis llevar, Majestad.

¿Esa misteriosa sonrisa es real o imaginaria, da Vinci ?

Mitad y mitad. 

El pincel se detuvo a causa de la luz cambiante y difusa.

¿Cómo conseguisteis que os sonriera así Madame Lisa?

Le dije que su belleza sería inmortal.



15 minutos de descanso


Él tiene treinta rubios años y trabaja de ejecutivo en un coloso de la avenida H.

Ella con el andar insinuante y el pelo moreno con alguna cana de cuarenta años, trabaja de funcionaria en la misma avenida.

Son las once, el café y un tentempié se imponen. Cuando ella entró en la cafetería, él ya estaba allí. Un cruce de miradas y a las once y media no volvieron al trabajo.

Tras besarse se desnudaron, al acostarse se despeinaron, sudaron e hicieron lo que no debían y deseaban hacer para después volver a ser lo que son echándose perfume, talco y disculpas.




Mi me consigo


No tenía demasiadas ganas de hablar de mi, hablar de uno mismo resulta peligroso

comienzas y no puedes parar durante días y años en una autobiografía interminable. Como era imposible eludirlo, hablé de otro que era yo, aunque en realidad no era yo y que yo no quería ser. ¿Aunque quizá era un deseado yo o un premonitorio yo…? Entre tanto yoismo me perdí desganadamente, fui breve eso sí.


El árbol de los cuervos

Al entrar por la pirámide de cristal quedaron atrás las nueve de la mañana y el día gris que enmarcaba lúgubre al renacentista e inmenso Louvre.

Dentro, una interminable escalinata, brinda la bella mutilación alada de la Victoria de Samotracia. Sobre la proa de piedra, henchida la brisa marina sobre su ropaje de mármol mojado, heroica y voluptuosa la diosa nos recibe al ascender.

De una sala vamos a otra buscando y encontrando los Leonardo, los Arcimboldos, la balsa de la medusa cuando una desconocida nos pide que la acompañemos hasta otra sala contigua.

Allí señala sonriente y temblorosa un cuadro de Caspar Friedrich. En silencio contemplamos el paisaje de la encina retorcida, plagada por ramas anhelantes simbolizando la fugacidad de la vida, los cuervos anuncian la muerte y el cielo bosqueja la luz de la eternidad. De pronto la magia se esfuma porque la anciana se va sin explicaciones, desvaneciéndose para siempre entre la multitud, dejándonos un secreto y su herida. 



Paradojas

Mi madre me enseñó que en la vida lo más importante era saber encajar la derrota, ya que el fracaso resulta más creativo haciendo superarte desde la humildad, mientras que el éxito teme desde la soberbia fracasar. Desesperada porque se negaban a publicarme una y otra vez, acepté la oferta de convertirme en la negra de un escritor de cierta relevancia. Su libro, mi libro fue un éxito de ventas y ganó varios premios literarios de renombre ese año. Qué paradoja fracasé teniendo éxito y solo dos personas lo sabíamos. Debí olvidarlo, pero la ira me embargaba roja y glacial. Tracé el plan del crimen, luego lo ejecuté. Entonces la memoria de mi madre comenzó el asedio porque me era absolutamente insufrible soportar que había fracasado conmigo. Fui yo quien lo hizo, así lo confesé a la editorial por cartas e incluso en la comisaría. Todos decidieron que buscaba publicidad, notoriedad, cerraron el caso sin resolverlo. Alguna vez en la calle que ahora lleva el nombre del escritor, me siento en un banco al sol y presiento que mi madre me toma de la mano.




Diluvio universal

Cuando cayó la primera gota todos los animales subieron al arca al único que negaron la entrada fue a Noé.




Tattoo

Al entrar en la tienda le fue imposible reconocerle.

Blanca eres tú, cuánto tiempo, soy yo, Yago. 

Yago que bueno verte, estás tan cambiado, irreconocible.  

Tú apenas has cambiado Blanca supongo que quieres hacerte un tatuaje. 

Sí, me han recomendado tu maestría casi mágica, pero no sé qué tatuarme. 

Te sugiero una cinta de encaje negro, resaltaría tu cuello tan largo, ademas le añadiría un diseño, el broche art deco de una araña sobre la nuca. 

Genial.¿Ahora me lo harías? 

Yago hizo un gesto invitándola al sillón de tatuajes.  

Se sorprendió al no sentir apenas dolor, la aguja trabaja en silencio y con destreza.

Fui estúpida y cruel al dejarte sin explicaciones Yago- le dijo Blanca tratando de disculparse.

Ya no importa- y le acercó un espejo. 

La cinta negra pese a la hinchazón lucía delicado su encaje. 

Ahora lo taparé, solo al acostarte debes quitar el vendaje.

Blanca asomó una sonrisa complacida y ausente mientras le paga.

 La despidió en la puerta, los ojos De Yago hasta entonces opacos, brillaban.

Al día siguiente la encontraron estrangulada con la cara cubierta por la seda de una araña tatuada.




Alienígena


Se conocieron se enamoraron, se fueron a vivir juntos, fin de la historia. Espera continua. 

El amante de este micro desaparecía constantemente. 

La amante de este cuento no soporta sus ausencias más y le da un ultimátum: 

Qué eres en realidad:  ¿Un mafioso, un bígamo, un asesino, un mujeriego? 

Él se lo confesó todo y ya no hubo más preguntas ni recelos aunque continuaron las idas y venidas e incluso el temor de un día no volviera más pero ella comprendió que la felicidad es como los trucos de magia, breve y esporádica.




Parte metereológico


Hoy el cielo en Gijón ha amanecido cubierto por negros nubarrones que descargaron picos y garras tras la llegada de la borrasca llamada Alfred.




AVE


Se fueron subiendo algunos muy deprisa, otros lentamente,en silencio o charlando, discutiendo o cantando. Al decir adiós desde el andén ocuparon sus asientos el soldadito de plomo, Alicia y la reina de corazones, Batman y el botones Sacarino, el Principito o John Silver el Largo. El tren al completo dio aviso de partida y tú el niño que fuiste también has subido al último vagón y te despides mirando por la ventanilla, al irse el tren los copos caen formando el manto nevado de una reina.




Clan cavernario


Volvieron con el venado cuando el sol del mediodía se reflejaba invernal en la entrada de la cueva. El hombre y la mujer pintan en las paredes con sangre y ceniza animales y sus manos como firmas. Los cazadores los miran embrujados mientras descuartizan la caza, escuchando los quejidos de parto en otra cámara cercana y la flauta de hueso que imita aves mientras crepita el fuego. Un pequeño lejos de la madre gatea alrededor fascinado por el temblor de la llama intenta tocarla con un dedo. 

¡NO! escuchó para evitarlo, ese grito fue del mundo, la primera palabra.

  

Foie flambé 

El chef Toni Antón ha dado en el hotel Ambassador una lección magistral de alta cocina y un suculento menú degustación que incluyó platos de casquería y carne servido a colegas y amigos de la jet set. El plato estrella del que damos receta, fue hígado marinado con un chorrito de vino blanco en deconstrucción de berros de su propia huerta, durante seis días y flambeado. Esta revista gastronómica intentó averiguar la procedencia de la carne por sus sabores insólitos. 

Antón evasivo, únicamente comentó su preocupación por la desaparición de su novia hace seis días. 



Evidencia

Cuando ni te juzgan, ni te envidian, ni te abandonan, ni te comparan, solo hay dos opciones: o es tu perro o tu ángel de la guarda.


Amores Perros

Levanté la tapa del contenedor al oír un gemido, vi una bolsa de basura moverse. Conseguí sacarla, dentro había una cachorra. Ella abandonada y yo perdida, buen tándem. Mirarnos y en una décima de segundo se decidió todo. Ya hay un hueco en el sofá, un cojín color chocolate, una pelota, un collar con su nombre y mi corazón de niña.



Notre dame 

No pude soportarlo más. Extendí mis pequeñas alas de piedra y destapé mis largas garras.

De nada sirvió la horda de turistas no huyó de la azotea, siguieron dispararon los flash riéndose como siempre de la crisis de identidad de una gárgola. 




Me has conocido en un momento extraño de mi vida 


En un momento las palabras de la frase que has pensado, comenzaron a cambiar sin un sentido conocido. Tal parece que me llevan a jugar al escondite en el papel apareciendo por el centro, el principio o el final al darle parte de mi vida a este mini cuento extraño.


Día de autos

La lluvia tan roja como el cielo empapaba al viento que a soplos tristes, silba un blues, cuando se miraron a los ojos sabiendo que sería la última vez, él pensó antes en su amante, en su coartada después, piensa ella.


Black friday

Las mujeres aprendemos a caminar dos veces, con tacones la segunda. Somos desde entonces equilibristas en zapatos de aguja, cenicientas a la moda con playeros de cristal o reinonas drag con zancos glam en un carnaval.  Me compré unos zapatos de tacón con descuento de viernes negro. El sábado y el domingo estrené nuevos andares. El gray monday tengo los zapatos y los pies en paradero irreconocible.


Cautivo

Érase una isla perdida tan remota que resulta cuasi imposible situarla en los mapas. Es tan pequeña que sólo contiene una roca alargada y puntiaguda similar a una atalaya donde vive en soledad un ser que nadie ha visto y que a solas incesante e incansablemente escribe en un libro de infinitas páginas a todas las criaturas, su destino.



Buenas noches


Antes de que me arropara dije: Tengo miedo. 

Rezamos para que se vaya el miedo- responde mamá.

Recitamos como todas las noches el ángel de la guarda. 

Al terminar  mi madre  me sonríe, me besa, apaga la luz y cierra la puerta.

Entonces una niña se sienta en mi cama,  soy yo y estoy muerta.


Asesino en serie

Antes de dormirme cuatro ángeles aparecieron en las esquinas de mi cama, con las alas grises, las manos llenas de nieve, flores y las bocas con sonrisas torcidas.

De debajo de la almohada saco mi metralleta de juguete, fue un genocidio de plumas, pétalos y copos.



Disidente

Veo lo que otros no ven, oigo lo que otros no oyen, huelo lo que otros no huelen, digo lo que otros no dicen, pienso lo que otros no piensan. 

No soy una ameba, ni un fantasma, aún menos un genio al lado de una lámpara. Si no has adivinado lo que soy empieza por el principio.



言葉による広告


芸者は京都の茶屋でイベントのために提供されます。

形成:15年から20年。

スキル:ダンゾーは三味線を演奏し、歌って、暗唱し、生け花に変えた。

経験:400年以上。

給料:同意する。

絶対的な裁量。

(売春婦、妻、恋人、または処女性のバイヤーを探している人を敬遠する)


Anuncios por palabras 


Se ofrece Geisha para eventos en casas de té en Kyoto.

Formación: De los quince a los viente años.

Habilidades: danzo, toco el shamisen, canto, recito, ikebana, conversación.

Experiencia: Más de 400 años.


Sueldo: A convenir.

Discreción absoluta.

(Absténganse clientes en busca de prostitutas, esposas, amantes o compradores de virginidad.)








Paradero desconocido

Cuando fueron a buscar a Federico a casa de los Rosales no estaba. Al día siguiente cuando lo buscan por Granada tampoco estaba. Vacía quedó la bala, la muerte y la luna. Como no está dicen que estuvo por New York o por Viena o por Cuba. Un siglo casi pasa y parece que acierta quien sospecha que escondido está y estaba en la casa de Bernarda Alba.



Diario 17

Demolición en la calle Narciso del Valle por ello ayer se produjo una protesta pacífica por parte de mil personas, según cálculos estimados por la policía, que se habían congregado en la calle Narciso del Valle. La multitud de forma espontánea gritaron consignas en contra del banco dueño del inmueble en la citada calle. La empresa Desengaño S.A. experta en derribos fue la elegida por la entidad bancaria para demoler el castillo en el aire.



Cajero 

Al poner la libreta al día te pidió la contraseña por impulso irónico escribes utopía. Durante un rato la máquina queda en silencio. De pronto un ruido te devuelve la libreta y otro ruidito más deja salir un papelito donde pintado aparece el mapa de la isla de un tesoro fiscal.




Gemelas

Sólo se llevaban un minuto los bebés regordetes y risueños que compartían cuna, almohadas y sueños.

Y así cumpliendo dos años o tres, alguien les regala una muñeca de trapo.

Es mía -dijo Julia tirando por un brazo. No es mía -dijo Judith tirando de la pierna,  hasta que la rompieron.

Tuvieron seis años peleando por el afecto de sus padres hasta que con ocho o diez se separara aunque su monstruo hace la mudanza con ellas.

Y así cumplieron dieciséis, Julia se enamora y Judith logra quitárselo.

A los veinticinco suenan campanas en la boda de Julia y el ex novio de Judith.

Teniendo treinta fue Judith quien conspira para que despidan a Julia, adivina quién la sustituyó.

Y así llegan los cuarenta, cincuenta hasta los setenta que pasan entre quién se opera y parece más joven o quien tiene más vestidos, joyas o muebles o gígolos.

A la misma hora del mismo día murieron, las enterró su viejo monstruo de dos cabezas, creo que le apodan envidia.

. 

 

Shuuu

 No voy a decírtelo, aunque me espíes, aunque vivas en vilo y duermas en vela.

Como ultima tentativa Juan la miró el fondo de los ojos igual que un adivino tratando de leer el ahora o el ayer en el poso de una taza.

Pero Juan ignora que una mujer prefiere quedarse desnuda antes que quitarse su velo secreto.


Carta a Theo 


Querido hermano

Gauguin se ha marchado después de nuestra discusión a las puertas del burdel.

Apenas recuerdo lo ocurrido o será que no quiero recordarlo, después los dos hicimos ese pacto implícito de silencio. Sí recuerdo que le di mi oreja a Rachel la prostituta, para que me la guardara.  

No sabes como traté de impedir que Gauguin se fuera, que mi sueño de la casa amarilla y la hermandad de artistas creando juntos no fracasara. 

De repente me siento muy solo, al volver únicamente la tristeza llena el vacío de la casa y me aterra. 

Despierto y estoy furioso, furioso no, angustiado hasta que vi los lienzos, no sé si la pintura me salva o me enloquece pero empecé a pintar tras otra noche de borrachera. 

Empiezo con la silla vacía de Gauguin y después otro autorretrato y otro más, pinto día y noche. 

En el espejo aparezco sereno y demacrado, así me encajo en la tela.

Empasto amarillos y naranjas contrastándolos con verdes, azules y violetas, la pincelada corta, nerviosa y vertical para esa melancolía ardientemente fría.

Detrás de mí pinto una de mis estampas japonesas, ya sabes que les admiro, me inspira su sencillez, sus trazos seguros y vibrantes.

Trabajo muy rápido con el gorro, el vendaje y el gabán puestos, necesito que algo me abrigue y me aísle de todo. 

Miro al espejo y al cuadro donde se ve la oreja izquierda vendada, después me toco el vendaje de mi oreja derecha. 

Te los envío y en ellos sabes que va toda mi religión y mi carne.


Tuyo Vincent




Reality Show

Eso es falso-dijo esa noche el periodista amarillo limón al celebrity de capa caída.

Esa noche se arrojaban preguntas y respuestas que maltrechas caían y se levantaban en uno de los set de TV-7. La verdad se cotizaba a 1500, la mentira a 3000 y las verdades a medias 2000 euros. Para los que aplauden un bocadillo de foie gras y a los que abuchean un sandwich de queso. Eligieron como sponsor del programa: Jamón cocido Minipork, cuyo eslogan es: Lo bueno sabe a carnaza. 




Arte efímero

Han inaugurado en el parque una nueva obra de vanguardia, un pedestal con unos peldaños por su parte delantera y otros para bajar por su parte trasera, en el último peldaño hay una placa donde dice: 

Si te subido al pedestal, la obra de arte fuiste tú.



Las autoridades sanitarias advierten que:

Escribir puede inducir al suicidio sobre todo (económico)


Asignatura dependiente

Abres el estuche de lápices entonces disimulas un bostezo cuando toda la clase abre la página 42. Te duermes y alguien te despierta coges el lápiz rojo y dibujas, la profesora mira tu dibujo y te pregunta cuántos años tienes, la miras sin contestar y ella con una sonrisa amable te recuerda que tienes 82.



Jau

Es septiembre en una viga del piso 69 del rascacielos Rokefeller Center donde almuerzan o fuman los obreros sentados sobre el vértigo, el vacío y la crisis del año 32.   

¿Se llamarían Fred, Tom, George, Bob o Nicolai o Pedro u Oso Negro?

Al fondo, New York, la reserva del hombre blanco.



Metamorfosi&

Al despertar Gregor Samsa se había convertido en Kafka, la cucaracha en libro y yo en lápiz.