jueves, 3 de abril de 2014

Extrañeza


Jugaban tres niñas una tarde de tantas
en que el frío las confinaba dentro de la casa.
Unas de esas tardes jugaron pedirle al crepúsculo, un deseo.
La primera pidió no crecer nunca.
La segunda pidió nunca tener miedo.
La tercera pidió que alguien siempre la quisiera.

De los tres deseos, el azar favoreció sólo al tercero.

Un aviador la llevó a un solitario planeta
para ser la rosa en un urna de cristal con las espinas erectas.