martes, 4 de octubre de 2016

Por ti


Para hablar de ti, contigo
He ido a buscar a la pureza para hacer tu retrato
Cachorra naciendo en otoño
El tiempo ha venido por ti al final de otro verano
Con su túnica de invierno
Y tú ángel de mi guarda
Saltarina de cuatro patas 
Bailarina de algodón
Corrías tu color marrón por la playa entera
Te acuerdas?
Y yo siempre
Al amparo de tu sabia alegría
En tu dulce compañía
No no terminó tu coraje
No ves que no puedo soportarlo
Mi tristeza toca el cielo
Te pido perdón
Comprendo tu ausencia 
No es porque quieras
Me estás mirando con esos ojos tuyos
Salvajes de ternura
Aúllas a este plenilunio al llamarme
Levanto un aullido atroz al contestarte mi Frida
Ven ven desde la niebla al sueño 
Seguiré tus huellas por la nieve
Hasta el mar
Espera 
Llevo en la cabeza la lluvia
En los bolsillos galletas recién doradas
También llevo dolor
No sé hasta dónde llega por ti 
La nostalgia
Ni mi perro amor.

Frida
15-10-1999
15-9-2016

jueves, 1 de septiembre de 2016

M&DA



No te precipites 
que no voy escribir un soneto de moda
con prisa la moda deshace sus ilusiones 
que ha de repetir
cuando el tiempo pase y sea nuevo.

Soy una tatuadora de papeles
con un ritual antiguo
cierra los ojos 
para ver mis tatuajes.








sábado, 6 de agosto de 2016

Trazos y poemas sueltos


Comencé este blog en 2009, han pasado siete años desde entonces, en los que he subido con mayor o menor asiduidad trazos y letras. 
Un blog es como un libro electrónico, pero al fin y al cabo internet es algo tan volátil y sujeto por cualquier causa a desaparecer, que un día me sobresaltó la idea de que en cualquier momento y por cualquier causa este blog podría esfumarse.
Como soy descuidada y no guardo archivos de mis letras, en parte por problemas y cambios de ordenador, además soy una sentimental y sigo prefiriendo los libros de papel, me embarqué en la idea de que yo misma podría hacer de diseñadora, editora e incluso encuadernadora de un único libro con algunas de estas entradas del blog.
Me he divertido tanto haciéndolo, ha sido una experiencia aventurera y gratificante, que repetiré.
No sé si alguien lee este blog, pero si así es quiero compartir este libro con quien lo haga, lo ha hecho o lo hará. 
Gracias por la atención, que algunas personas durante estos años me han dedicado.



jueves, 7 de julio de 2016

Blues


Sencillo, ronco y duro 
elástico como un gato callejero 
al ritmo, a un grito, a un murmullo 
hecho a medida de su traje negro, 
con los tirantes de la noche 
y estrellas calentando calcetines 
de tantos tobillos
del runrún en
 las sentina
forjando cadenas 
sin más nombre que el de esclavo.

Por no sollozar a la nostalgia 
consumías el hambre de tu voz
en los compases simples 
llamada y respuesta 
para echar a correr diablo azul 
por los continentes 
y en todos había 
un callejón para la pena.

Donde afina y desafina Eros
su tormenta  
que pulsa acordes con desacordes 
con nota de adorno a la miseria
rompiendo la cuerda a los banjos 
ha dado la vuelta loca, perdida su reputación 
si la ves por ahí 
ya sabes, mi hermana, mi hermano  
tocando va 
un blues.

sábado, 14 de mayo de 2016

Manifestación



Caminabais
en las escenas de mayo

p       a          s             a   

al lado vuestro 
una manifestación
la policía cargó contra ellos
no os vieron 
llevabais entre los dientes
espinas
que os servía como escudo.




jueves, 25 de febrero de 2016

Nevada


A través de este espejo taciturno
7 enanos son siete árboles gigantes
no hay un beso que despierte
el final de los cuentos 
Blancanieves 
cultiva en primavera cuando cae de bruces otra nevada,
las más roja de las manzanas y los reflejos del sueño 

vestida de negro y de madrastra.

martes, 8 de diciembre de 2015

La muralla


Nadie sabe con certeza si fue el mes de julio o de noviembre, si era el verano u el otoño
del año MCVIII o el MCIX.
La Ábila con b despertó esa madrugada en el reinado del rey Alfonso VI detrás de su muralla medieval con sus barbacanas, almenas, puertas, torreones, cadalsos y fosos vacíos. 
Las voces de la primera mañana eran unos puntos sobre el cielo que moviendo sus alas de ventolera graznaban chillidos de cuervos y urracas.
En la soledad de intramuros cercana a la basílica de San Vicente, dos niños y una niña jugaban a los reyes y las reinas con espadas y coronas de ramas. 
Jugando a la leyenda que nadie sabe con certeza si nunca sucedió.

Os he vencido Majestad, grito el niño más alto y desgarbado.

Rodrigo de Vivar, llamado el Cid 
¿Por qué osáis combatir contra vuestro rey y os negáis a rendirme lealtad? le respondió el chiquillo rubio vestido de harapos.
La niña los miraba, callada con un libro entre sus manos.

Vos y vuestra hermana aquí presente, la reina Doña Urraca habéis conspirado la vil muerte de Don Sancho, rey de Galicia y hermano vuestro. 

Por ello no puedo seros un súbdito leal, ni juraros fidelidad y a menos que probéis vuestra inocencia, ni yo ni nadie de los que me siguen podrá aceptaros como soberano y destrozará esta sospecha vuestro reinado, respondió el niño Cid.
El niño rey apuntó con su espada de madera el pecho del jubón de su amigo al decirle:
¿Cómo puedo demostraros mi inocencia?

Jurando ante Dios y sus Sagradas Escrituras, respondió el otro niño apartando la espada.

¿Acaso no os dais cuenta de vuestra afrenta? 

Me doy cuenta mi Rey y señor Alfonso VI.

Juraremos, mio Cid.

La niña asintió con la cabeza abriendo el pequeño libro.
El niño harapiento posó su mano sucia sobre una de las hojas y esperó a que el otro continuara.

¿Juráis que no habéis tramado ni ordenado, ni vos y vuestra hermana Doña Urraca, la muerte del rey Don Sancho?  

Lo juro ante Dios, exclamaron los dos niños a la vez.


Durante un segundo el niño Cid se mantuvo en silencio, al volver hablar dijo:
Si vuestro juramento fuera falso, permita Dios que muráis como Don Sancho a manos de un traidor y por la espalda. 
Decid Amén.

Amén, dijeron al unísono.

Retumbó un estrépito de cascos de caballería y también corrieron los niños entre los palacios que defendían cada puerta.
Un ciego atraído por la cabalgada caminaba con su cayado, guiándose con su mano por las piedras de la muralla.
Al tocarla la muralla vivía en el tacto rugoso de sus dedos arrugados y otra vez le contaban  su historia de fortaleza romana, integradas aquellas piedras de su necrópolis, las estelas funerarias donde alojaron sus cenizas aquellas legiones del águila.
Sólo él también encontraba en los intramuros que se reforzaban y extendían los toros, cerdos y  vacas esculpidos por aquel otro pueblo indígena, los vettones que marcaban los pastos verdes de sus tierras.
La muralla aglutinaba el pasado, el presente y el futuro siendo memoria fiel protegiendo sus íntimas moradas.
El ciego posó su cayado sobre el hombro de uno de los tres niños cuando entró en la plaza, poco antes de que el ejército de Ávila saliera por la puerta de San Vicente para luchar contra los musulmanes en el puerto de Menga.
La muchedumbre aclamaba vítores para despedir a los soldados. 
Una mujer joven y muy seria los miraba irse, su esposo el alcalde Fernán López de Trillo, la abrazó y antes de montarse en su cabalgadura le dijo: 
Mi señora Ximena, quedáis encomendada del gobierno de Ávila.

Al pasar el último de los soldados, la gobernadora Ximena Blázquez habló por fin para decirles a, las mujeres, los ancianos y los niños, que se dispersaran y se ocuparan de sus quehaceres cotidianos.

Los tres niños que en realidad se llamaban Alonso, Teresa y Hernando también se separaron al llegar el medio día y también retornó el ciego a su esquina, sacando del hatillo su flauta y con una dulce melodía llenó su platillo con monedas de cobre.
Los días siguientes detrás de la cuidad amurallada se revistieron de la calma que suele preceder a una tormenta.
Ávila fronteriza entre reinos cristianos y moros era el plato suculento dispuesto a alternarse entre espadas y jinetas.
Suelen volar las noticias así que enterado de la ausencia de las tropas cristianas el Califato de Córdoba, decidió sitiar y conquistar esta ciudad ahora desvalida.
El Califa Hisham II señor todopoderoso de Córdoba, guardaba las apariencias del poder pero quien era su cerebro, su corazón y su brazo armado no era otro que su tutor, Almanzor.
La ocasión de conquistar Ávila nunca se presentó tan propicia.
El caudillo Almanzor envió un ejército al mando de Abdalla Alhanzen con ordenes de ocuparla.

Los pendones verdes y con medias lunas blancas, ondearon con viento a favor, de improviso una mañana, siendo los heraldos que desde la lejanía, alertaron a los habitantes de Ávila del peligro que aroximándose les amenazaba.
Ximena se encontraba en sus habitaciones cuando uno de los pocos escuderos que se había quedado, le notificó las malas nuevas.
Sígueme, ordenó Ximena al escudero y fue conminando a todos con los que se encontraban que mantuvieran la calma y fueran cerrando las puertas de la muralla.
Así se hizo; Ximena iba leyendo en todas la miradas el pánico y la sorpresa. 
Subió las escaleras hasta uno de los torreones de planta cuadrada de la puerta del Carmen, las sombras alargaban las almenas sobre la yerba. Desde allí comprobó como las huestes musulmanas ya se habían atrincherado a una prudencial distancia pero que seguirían avanzando.
El escudero permanecía a su lado, entonces ella le preguntó que cuántos escuderos se habían quedado a intramuros.
Unos treinta, respondió él.
Ximena bajó la cabeza y bajó los peldaños de la escalera mientras mujeres,  ancianos y  niños la miraban en silencio interrogantes.
Fue caminando lentamente hasta el centro de la plaza del ayuntamiento, ocultando sus manos en las mangas de su vestido, para que nadie percibiera el temblor de sus dedos.
No estoy dispuesta a entregar Ávila, les dijo.
Es imposible resistir, es una defensa suicida, respondió un anciano.
Tenemos a nuestro favor la altura y lo inexpugnable de nuestra muralla, podemos resistir hasta que vuelva nuestro ejército, le contestó Ximena.
Es imposible soportar un asedio, nuestro ejército ignora la situación y tampoco sabemos cuando volverán, no tenemos víveres ni agua suficiente para resistir, únicamente unos días. 
Los hemos visto desde los torreones, los musulmanes son un ejército numeroso, que podrían incluso escalar la muralla sin que pudiéramos apenas contenerles. Lo más razonable y por el bien de los ciudadanos, sería rendir la ciudad abriéndoles las puertas, aconsejó el anciano.

¿Tenéis idea, mi señor Lope Dávila, lo que harían las huestes musulmanas con todos nosotros? 
Matarían a los ancianos, a las mujeres y los niños nos convertirían en esclavos.
Os pido, os ruego abulenses unas horas hasta el anochecer para tratar de hallar una salida que nos salve.
Si no consigo encontrarla, entonces me someteré a vuestra voluntad, sea la que sea.

La mujeres y los ancianos congregados asintieron en silencio y los niños la miraron apesadumbrados irse, hasta que desapareció tras la puerta de la alcaldía.

En su recámara Ximena dio rienda suelta a lo que hasta entonces había contenido, un estremecimiento que sacudió todo su cuerpo.
Se sentó delante de la chimenea observando al fuego crepitando las llamas y así estuvo en una absoluta quietud, hasta que atardeció.
Una doncella entró entonces en la recámara, traía una copa de vino, un vino espeso muy oscuro, como la sangre del toro.
Ximena tomó la copa, levantó la cabeza y dejó que todo el vino resbalara por su garganta.
Reúne a todas y todos en la plaza, incluidos los niños, le dijo a la mujer. 
¿Vais a entregar Ávila?
No Elvira, reúnelos y después ven a buscarme.


En la plaza la esperaban expectantes.
Ximena con voz firme habló:
En situaciones desesperadas hay salidas desesperadas. 
Escuderos, coged vuestras armas, saldréis y con sigilo atacaréis el campamento musulmán. 
Ya sé que sois sólo treinta hombres, pero la sorpresa jugará a nuestro favor, con que hiráis y matéis algunos de ellos es suficiente. 
Después volveréis presto, os estaremos aguardando para una vez que regreséis cerrar de nuevo las puertas.
Idos ya, que Dios os guarde.
Los escuderos asintieron y siguieron sus ordenes.

Al resto les dijo: 
La segunda parte toca de nuestra cuenta. Seguidme todos a la armería. 
Vamos no hay tiempo que perder, la noche también es nuestra aliada.

La oscuridad era total cuando los escuderos volvieron después de ejecutar con éxito su escaramuza.
Las puertas se cerraron tras ellos, alguien les ordenó que subieran a las almenas.
Abdallah Alhazen desconcertado y airado ordenó a sus tropas que se agruparan para atacar la ciudad.
Al llegar a los pies de la muralla, los gritos y las trompetas de guerra les esperaban con teas, antorchas y hogueras encendidas tiñendo de rojo las paredes de las barbacanas. 
Sobre la muralla en la puerta del San Vicente, Alhazen y sus huestes entrevieron en lo alto de las almenas a un incontable ejército cristiano que les aguardaba.
Lo que no distinguieron es que detrás de aquellas armaduras, de las cotas de malla, los cascos y los yelmos ocultaban a las mujeres, los niños y los ancianos blandiendo las antorchas y las espadas.
Abdallah impresionado, abandonó la idea de rendir la ciudad, dieron media vuelta y se retiraron con destino a Talavera.

Desde arriba los habitantes de Ávila los miraron irse y desaparecer.
Los gritos de júbilo se oyeron hasta la mañana y niños mujeres y ancianos se abrazaban de continuo con sus vestiduras de guerra.

Cuando el sol calentó las piedras del suelo amurallado, Ximena sonreía mientras su largo pelo brillaba asomando debajo del yelmo reluciente.