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Un atisbo del sol seca, la llovizna sobre los hombros al salir de cobrar en la cola de banco.
A la cola de todas primaveras que han pasado, hasta jubilarle.
Cuántas, tantas colas enfrente de una mesa de funcionario,
que de oscuro le vestía, dejándole en la cara, desengaño lleno de arrugas.
Espera en la cola al autobús, a la vuelta él y el mediodía harán cola en la panadería
y en la suerte que administran las quinielas.
Son las diez al bajar en la parada, recorrerá las tumbas a la cola, como todos los primeros de mes, para volver a recordarle a los huesos de su amigo, como hacían cola antes de entrar en la escuela, después de que la nieve coleando cayera borrando la cola de sus huellas.
O las colas en el cine estrenando aquella de gánsters o como esperaban otra para el rancho y otra para ir a los lavabos, otra más al desfilar
y todos los domingos juntos, que de permiso hicieron cola en el burdel.
Volverá a casa caminando entre la cola del ir y venir de la gente, con la cola de las horas, los minutos y los segundos dando vuelta en el reloj, atravesará el parque de castaños que hacen cola en el camino de gravilla.
Al borde de la acera se detiene casi al lado de la última farola, que en cola proyectarán sombras verdes en la cola de calle.
Espera a que el semáforo enseñé a su hombre verde y sentirá la cola del viento, alzará la vista a las nubes, que poco a poco sin permiso, lo mismo que los suspiros o los gritos,
a la cola desaparecen.
y no arrecia
aplaco esa avidez
de tus fuentes
rojas bocas rojos labios
roja saliva roja garganta
apurándonla de un trago largo
gacela del amor oscuro
esta sanguijuela descarriada
vuelve a ti.
No soy Nancy, ni Suzanne, ni Marianne
ni las invisibles hermanas de la caridad
menos aún la fan adicta a un Don Juan con borsalino
me creo lo peor de ti y lo mejor
si lo suenas tú.
En tu colina desmoronada
la séptima sube
¿De quién es la voluntad?
Pregunto, aguardo
y callo
al oír tu canción repetida en el alambre
me acompaña
sin que se cierre
sobre el pentagrama del puente imaginario
nuestra herida.
Negando la salida a sus cautivos
un coro de medianoche
nos acompaña
sin traducir
el sentido brillante
de sus estrellas suspensivas
El rastro de pintura
en el mohín
del ya soy siempre fui y seré
al mirar afirmas:
“Nos ve la dueña absoluta
del día a día de la noche a noche
con su cisma de sonrisa hinchada”
Escrita por la seda
esta letra
de tu vestido de novia
y tu mortaja.
A veces sé que soy
ese gigante que atan en las orillas
mirando hacia el cielo
sé que soy el enano quien clava las ligaduras
mirando la tierra.
Es imposible eres uno u otro
pero a veces sé que soy
uno u otro.
Y de esa quietud
se desata hosco el paladar de las lenguas
ni dócil podrías llamarlo de un movimiento
con un nombre que se invoque
corriendo súbito hasta la oscuridad de una edad perdida
Y sólo el mármol coronado de bosques
calla porque sabe
lo que escupe
el hueco
con alma
de su piedra.