lunes, 28 de septiembre de 2009
sábado, 19 de septiembre de 2009
lunes, 7 de septiembre de 2009
Memorias de un tejo
,
Germinó mi semilla en el altozano, es mi padre el viento y mi madre la tierra, sentí enraizarme, alumbrar y emerger a cielo abierto.
Fui frágil yema, me han brotado ramas tristes, en la soledad inmóvil, sólo los pájaros me han acompañado.
Mi sexo definido, veneno brotando, símbolo soy de muerte, de vida reverdecida de mi follaje que no fenece, eterno soy milenios así lo cuentan.
Auledo, el druida porta la túnica de la verdad, la túnica azul, iniciado en los versos druídicos que prohibido está que por mano humana puedan ser escritos; me descubrió y arrancó un palillo de mi tronco para un bastón mágico con el que predecir el futuro, a partir de ese instante sintió la iluminación y guardó celibato sagrado.
Criaturas féericas y telúricas pueblan los delirios de Auledo y mis raíces desde entonces llegan hasta la boca de los cadáveres siendo mi boca la de la muerte.
Deva diosa de las aguas -implora el druida- recostado sobre mi tronco, llévame sobre tus ondas, mi premonición se ha consumado, el sacramentum pacto sagrado ha sido violado por los romanos, mi pueblo reducido a extrema necesidad y porfía desea inmolarse, librarse quieren de la cautividad más dura que expirar.
Tú árbol de los antepasados, dame tus frutos este crepúsculo, es el festín, el fuego, la espada impregnada de ti culminará y nos diezmará a nosotros los que no somos sojuzgados.
Las tinieblas cerraron el día.
Al alba vislumbré una figura que aproximándose, me mira con un parpadeo lento, consigo lleva un rollo, una crónica de guerrillas: Bellum Cantabricum et Asturicum, los auspicios de la batalla se han decantado a favor del emperador Augusto.
Yo Lucio Anneo Floro dejo constancia para la historia del suicidio inmolador del pueblo celta y que con la harina de tu savia se erija a tu lado un ara sacra.
Convivieron mi culto y el culto de dioses apóstatas en centurias et siclos.
Asolaron mi tierra vándalos, suevos, visigodos, godos y musulmanes.
Y con ellos una nueva herejía y a mi vera alzaron la iglesia y de mi vera aún mi liturgia no olvidada respetaron mi culto, mi altura.
Un nuevo nombre me otorgaron desde entonces: Teixu l´iglesia, el tejo de la iglesia.
Acudió de nuevo el amanecer, custodio la espera de la noche más breve en el solsticio del estío.
Los pasos del mozu Xuan resuenan desde el camino.
Al hombro el hacha con que herir mi ramaje.
Malherido de amor, hasta el dolor más recóndito, encelado enamorado, carga ya mis melancólicos y bucólicos verdores hechos por la estación de las lluvias.
Hechizado por la muchacha del pelo de ala de cuervo, va diciendo:
Ornar la puerta y la ventana de la hermosa quiero y frutos rojos ojalá me arrojara.
Presagio de la suerte ahora soy, tirar los tejos me convierto.
En el día de todos los santos mi aura de difuntos retorna al país de las sombras.
En dos milenios ya vivo desde el nacimiento de otro culto, profeta y mesías, rabí y carpintero.
Rex judaeorum, crucifixión y yo pervivo.
Ocaso asfaltado, los dos amigos vuelven de la infancia, sus risas rememoro en el sonido del tiempo.
¿Recuerdas?.- dice el más alto -.
Sí... cómo no hacerlo, solíamos jugar en este paraje, intentando escalar el viejo tejo
ni entre ocho chiquillos abrazándolo conseguíamos abarcarlo.
Algunos de aquellos chavales no he vuelto verlos.
Ha marcado mi vida este tétrico testigo, aquí nació mi vocación por la botánica.
Dijo el otro y volvió a hablar después de una pausa, mirando su densa copa.
¿Sabes? de este viejo tronco, extraen taxol, taxina, baccatina, un potente anti cancerígeno.
Pero qué me dices de su leyenda venenosa y mortífera.
Es cierta, sé especuló que el tósigo estaba albergado en sus frutos rojos pero es su follaje
lo que contiene el alcaloide.
Los han diezmado a causa de ésto, hasta que han conseguido sintetizar en el laboratorio esa sustancia, no lo desprecies podría salvarte la vida.
¡Despreciar! muy al contrario, nunca he sentido una sensación tan sagrada, tan espiritual como
en presencia de este anciano ominoso y venerable, el viejo tejo, el teixu de la memoria.
Colofón
Sacrum aciago, soledad de milenios, en soledad he mirado el mundo, la soledad de un dios,
la soledad de un tejo.
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Dibujo y texto de Paloma Blázquez
viernes, 28 de agosto de 2009
domingo, 16 de agosto de 2009
Sed de mal.Relato a dos manos.
Ni un único asiento libre. Me toca ir de pie, y eso que hoy me duelen los pies. Mis pies planos fueron la causa de las burlas de mis compañeros de clase y hoy suponen la razón de que utilice el metro para recorrer distancias tan insignificantes como ésta. ¿Cuántos metros hay desde el punto A al punto B? La distancia más corta no es una línea recta, es una línea de metro. Hoy el punto B es cualquier bar donde me pueda desprender de los recuerdos de mi estúpida vida o, por lo menos, intentarlo si el dinero que llevo encima no me da para la ansiada amnesia.
Las realidades empiezan siempre con un sueño... Me escuece el corte que me he dado esta mañana al trocear el pan.
¿Y ese olor? viene de la mujer sentada en frente de mí. ¡Cómo aferra su bolso! Tiene nieve en el pelo, la luz del metro le pone gamas y temperaturas de frío, su mirada es hacia dentro, algo la crispa, sus manos son garras de presas, una vieja lechuza blanca, huele a musgo como mi tía Sibila que también miraba hacía adentro y leía los posos del té.
El revoloteo en las tripas no me abandonan ni un segundo, ni una milésima, las mariposas muerden, traquetean mis vísceras, quiero acallarlas quiero apabullarlas con alcohol.
En la barra de ese bar, que está cerca, al bajar en la próxima parada, tengo los pies de noche y sed en el alma.
Estoy acostumbrado al frío igual que al fracaso, por eso no me sorprende que una mañana de diciembre haga tanto frío como hace hoy, ni que no haya escrito nada bueno desde… ¿Alguna vez escribí algo bueno? Sí es cierto que he tenido alguna buena idea que otra, como mi relato “Las mariposas hambrientas”. Al principio, incluso Ángeles Mastretta llegó a decirme que… Pero hoy nadie me dice nada porque ya nada escribo, y eso que escribir es lo único que se me da bien.
¿Qué fue lo último que publiqué? Ah, sí, aquél relato en esa revistucha que no se dignó a leer ni siquiera Marina, y eso que por aquel entonces tenía a bien llamarme poeta. Claro que, por aquel entonces, también tenía a bien acostarse conmigo, pero ahora… Creo que me ha salido una ampolla en la planta del pié derecho.
Siento el roce de su brazo aplastándome el pecho, le miro el perfil de soslayo, tiene cara de bruto, las pupilas paralelas al vidrio donde se refleja son concupiscentes, erráticas, está salivando, le doy un codazo disuasorio que sorprendentemente surte efecto.
Cierro un instante los párpados que laten con ausencia de brisa marina que se me cuela por los poros de aquel verano de atraque en el estuario de Shamnon.
La lluvia en mis manos, saltaba sobre los charcos del muelle.
Mi padre volvía, retornaba en el Argos.
¡Qué rubia estás! - me dijo. Entre sus dedos enredó mi trenza. Nunca volví a verle.
Tenía sed de mar, sed de mal, como el nombre del bar del cercano apeadero.
Llevo buena parte de mi vida jugando a ser humano. No soy lo que la gente se espera. No soy lo que creen que soy. Quiero ser igual que tú. Me lo he propuesto una infinidad de veces. Como aquella vez que pedí a Sara que nos fuéramos a vivir juntos. Como aquella vez que preparé el desayuno para Carla. Pero se dan cuenta enseguida. Carla no tardó en decirme que la dejara en paz, que la estaba exprimiendo como había exprimido la naranja para hacer el zumo. Sara me tiró a la cabeza el oso de peluche que le regalé por su cumpleaños mientras gritaba entre lágrimas que eso no se le hacía a la chica a la que amabas. Eso a lo que se refería Sara era un relato que se publicó no-recuerdo-dónde inspirado en nuestra relación. No valía ni la tinta con la que se imprimió.
No soy lo que la gente se espera. No merece la pena que siga escribiendo. Quizá no sea tarde para poner algún negocio. Una tienda de música. Total, hasta ahora he estado viviendo de… ¡Maldita sea! Se me ha parado el reloj.
Viene a mi garganta un canto de mariposas hambrientas, una sonata de recuerdo, un sueño recurrente, un sueño traspasado a... He tenido muchos, como aquel de la canción de Sara...
De pronto le veo. Está a mi izquierda, cerca de la puerta automática. Es un chico con cara de poeta muerto, con el pelo revuelto en oscura rebelión.
Me fascina su figura frágil, sus ojos giran y giran a la par de su extravío, hay en ellos una luz de visionario sin visión, de amante sin amor, de sesión en el infierno, de divino sin comedia, de guerra sin armas ni batalla.
Me ha recorrido un escalofrío acerado sin titubeos en el aire hasta la médula.
¿Le conozco? Le he visto en alguna parte, en otra vida pretérita, presente, futura.
Me levanto como un resorte, no puedo, no quiero dejar de mirarle.
Sin embargo me tengo que apear en la calle del Olimpo.
Es la última vez que me tima el relojero. No pienso llevarlo a arreglar. Total, ¿qué más da la hora que sea?
¿Me está mirando? ¿Por qué tendría que hacerlo?
Esa chica de larga trenza rubia y mirada castaña es el ser más bello que he visto en mi vida. Parece haber salido de un fresco de Botticelli, de alguna canción que alguna vez he escuchado o que algún día escucharé.
Me está mirando. No hay duda. Ya no me importa que el reloj no ande o que me duelan los pies.
No sé porqué, pero creo que mi próximo relato estará ambientado en un vagón de metro. Las musas existen.
En ese instante se abrieron las puertas. Si querían ir a ese bar al que habían planeado ir por separado debían apearse en ese momento.
Se acercaron el uno al otro y se besaron.
- Relato de Blas Mártinez
- Relato y dibujo de Paloma Blázquez
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Relato y colaboraciones
miércoles, 29 de julio de 2009
Pavana para un piano difunto
A la víspera tintinea la lluvia sobre ti
como un eco
de cópulas en los dedos
descerrajando la madrugada.
En tu momia agarrándose a la acera
hay una pelvis sin jazz
un alma sin soul
una melancolía sin blues
un gemido sin ragtime.
Aire hay
sólo aire
cerrando los párpados
de una pavana
para un piano difunto.
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Poemas y colaboraciones
viernes, 3 de julio de 2009
Venezia
Sentando en la hamaca con rayas
de la playa del Lido, un turista
Sus ojos fueron dos luces fijas
donde ya hubo un estertor de ceniza.
Y el tempo
fue un adagio
en el escenario de las piedras apestadas.
y el tiempo se adueñó de su rostro
corriéndole riachuelos negros
en el escenario de arenas
El cielo sobre Venecia
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Dibujo y texto de Paloma Blázquez
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